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El retorno a la intuición

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Sergio García se viste de blanco para salir a jugar el domingo en Valderrama en el partido estelar. "Salvo en los 'majors' y en los World Golf Championship, donde Adidas decide conmigo, en el resto de días me visto como lo siento esa mañana", explica el jugador. Nada preparado. Lo que dicte la intuición…

Hubo un tiempo, desde que ganó vestido de negro el The Players, en que repitió este color los domingos. Hoy ya no. Lo que dicte la intuición. El domingo de Castellón, de un color (gris oscuro con rayitas blancas horizontales y pantalón beige). Y siete días después, otro (merengón de cuerpo entero).
Sergio García no pega bolas antes de salir a jugar el domingo en Valderrama en el partido estelar. Ni este día, ni prácticamente ningún otro. Es lo que le dicta la intuición, porque no es el modo más académico de iniciar un día de competición. Prefiere llegar al tee del hoyo 1 con el swing de ese día virgen. Tan solo patea y recoge algunas sensaciones en los greenes.

Son flecos, muestras. Nada importante, vaya. En realidad, el triunfo de la intuición se había gestado hace casi doce meses. Como quedó registrado en la entrevista que el de Borriol concedía esta misma semana a Ten-golf, a finales de 2010 Sergio le dijo a su padre que ya no quería ningún entrenador de juego corto a su lado, y que él, su padre, seguiría siendo su entrenador de juego largo con un pacto por medio: "quedamos en que él me ayudaría sólo cuando yo le preguntase", puntualizaba. Y precisamente a juicio de su padre, Víctor García, ese fue el paso decisivo. El bendito retorno a los orígenes, a las sensaciones, al talento a flor de piel. "Yo soy sólo una apoyo muy pequeñito. Algo minúsculo en la preparación de Sergio", nos dice Víctor, seguramente con excesiva humildad. Y añade: "aquello que hablamos no me molestó ni como padre, ni como entrenador. De hecho, yo siempre le he insistido en que buscara sus sensaciones. Porque si algo sé es que Sergio es un jugador de 'feeling', de sensaciones".

Ese camino de regreso al Sergio de Medinah (1999) lo está recorriendo el jugador auxiliado por otras guías que el transcurso de la propia vida también dispone. La madurez que aportan los años y las experiencias, por ejemplo, pero también la llegada a su vida de una bella galesa, Nikki Horrex, su novia. Junto a ella, según nos confirma Víctor, a Sergio le cuesta mucho menos disfrutar del golf, precisamente porque disfruta mucho más de la vida.

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