«Creo que la esencia es exactamente la misma, el mismo chaval, sólo que con algunas canas en la barbilla. El entreno y la lucha siguen ahí». Es la reflexión de Adrián Otaegui cuando camina junto a Ten Golf por sus diez años en la élite. Una década. Cierto es que la primera vez que sacó la tarjeta del DP World Tour fue en 2011, con apenas 19 añitos recién cumplidos, pero la perdió en 2012, jugó el Challenge en 2013 y ascendió ese año al Circuito Europeo. Desde 2014 ya no se ha bajado de la primera división y su crecimiento y mejoría ha sido imparable. Como una apisonadora que va despacio por la carretera, pero dejando su marca indeleble en el alquitrán. Una década.
Conversamos con él precisamente en este día que cumple 30 años y apenas 48 horas después de cerrar otra muy buena temporada, con dos segundos puestos, cuatro top 10 y un puesto final 34º en la Race to Dubai. Otra cifra redonda. «Son diez años que han pasado volando. Es verdad que si miro atrás y veo a aquel chaval que sacó la tarjeta en el PGA de Cataluña en 2011 parece otra vida, pero en el fondo, parece que fue ayer. Yo sigo siendo igual, aunque gestionando las cosas de diferente manera. Lo veo de otra manera. Tengo muchas experiencias a lo largo de estos diez años que me hacen ver las cosas de otra manera y reaccionar de distinto modo a lo que me va pasando dentro y fuera del campo de golf», asegura.
Si tuviera que resumir en un concepto su mayor evolución o el principal aprendizaje que ha sacado durante este ya largo recorrido, tiene que ver con la gestión del tiempo. Es curioso porque no es el primer profesional de golf que lo dice. Qué importante es saber aprovechar el tiempo y administrar la energía. «Entreno cada vez menos. Antes era de estar todo el día en el golf y entrenar, entrenar, entrenar… Ahora entreno menos, pero aprovecho también la experiencia que tengo. Al final, si te acabas desgastando todos los días en el golf, se puede hacer la temporada un poco más cuesta arriba. En una semana de torneo estoy menos horas en el campo de golf. Hago lo que tengo que hacer, sobre todo lunes, martes y miércoles. Intento llegar al jueves listo, pero luego muchas veces acabo la primera y la segunda ronda y no hago casi nada, un poquito para refrescar, gimnasio y me voy a descansar, hago gimnasio. Antes estaba más tiempo. Se trata de gestionar y administrar la energía a lo largo del año, ya que aunque pasa echando leches, es muy largo y te puede afectar física y mentalmente», afirma.
En estos diez años, Otaegui tiene mucha experiencia acumulada. El año que viene alcanzará los 300 torneos en el DP World Tour y su balance no es nada malo: cuatro victorias, 16 top 3 y 28 puestos entre los diez primeros. Ha pasado el corte en más del 63 por ciento de sus apariciones, con mención especial a los últimos años. En las dos últimas temporadas sólo se ha quedado sin fin de semana de competición en ocho ocasiones de 52 torneos. La media se marcha casi al 75 por ciento. Es una especie de taladradora que jamás se detiene.
Si Adrián, el Pirata, se tuvieran que quedar con los momentos claves de estos diez años, elegiría cuatro. «Arrancamos en 2012, mi primer año con la tarjeta. Fue muy malo en cuanto a resultados, pero fue bueno de aprendizaje. Cuando me saqué la tarjeta en 2011, creo que no estaba del todo preparado, así que me vino bien jugar el Challenge en 2013. Fue como dar un pasito para atrás para coger otra vez un poco de impulso. Fue un año difícil, pero mirando hacia atrás pienso que fue positivo», explica.
El segundo momento no lo sabe situar exactamente en el tiempo, pero tiene muy claro que fue fundamental en su evolución. Fue cuando se produjo un clic en la cabeza. Ese clic en el que pasas de contentarte con pasar el corte a afrontar cada semana pensando con más ambición. «Tengo la sensación de que en mis primeros años en el Tour el objetivo era pasar el corte y luego ir jugando el fin de semana a ver qué pasaba. Con ir pasando cortes estaba bastante bien. Luego se hace un clic en la cabeza y quieres más, quieres top ten, quieres pelear por ganar. Cuando ya ves que te metes en la pelea varias veces, quieres ganar. No lo sé situar en el tiempo, pero sí se produjo. Es ese momento en el que dices: no, yo aquí vengo esta semana para ganar», afirma.
El tercer momento, cómo no, fue la primera victoria en 2017 en el Paul Lawrie Match Play. «Ocurrió después de cuatro años. Yo sabía que tarde o temprano, tras insistir, insistir, insistir e insistir, iba a llegar, pero bueno cuando se produce dices: vale, ya está, primer pequeño objetivo conseguido».
Y el cuarto momento fue el año pasado. Tiene que ver con toda la polémica que se generó en torno a LIV Golf. Otaegui fue uno de los golfistas del DP World Tour que disputó torneos en la liga saudí y que terminó siendo castigado y multado. Aquello también le permitió aprender muchas cosas, dentro y fuera del campo. «Te das cuenta de que el barullo que se forma en el fondo es pasajero. La gente le da a veces mucha importancia a muchas cosas que luego se olvidan. Aprendí a relativizar un poco las cosas, que nada es tan dramático y que son modas. Creo que lo hice bien, pero bueno, es verdad que se tiende a dramatizar todo, y considero que la prensa de los primeros. Creo que me aislé bien de toda esa polémica y jugué muy bien, con muy buenos resultados. Por último, la victoria de Valderrama fue muy bonita», resalta.
Por último, para terminar este pequeño viaje con Otaegui, toca hablar de futuro. ¿Dónde se ve dentro de otros diez años? ¿Cuáles son sus sueños? «Seguiré estando por aquí, haciendo lo que me gusta, y ojalá que con alguna victoria más en la mochila pero siendo el mismo chaval de hace diez años… con alguna cana más. Y en cuanto a los sueños, hombre, el mayor sueño es ganar un grande, ganar dos grandes, ganar tres grandes… Ese sería el mayor sueño, estar ahí peleando. Si ocurre eso, al final estaré arriba en el ranking mundial. Pero sí, ganar grandes», remata.



