Ángel Ayora acaba de cumplir 21 años, es el mejor español en la Race to Dubai y libra casi a diario una cruenta batalla mental. Nada grave, pero conviene controlarlo. Tiene que ver con el listón donde sitúa las expectativas y la exigencia. Es el eterno debate entre ver la botella medio llena o medio vacía. Sí, es consciente de que está haciendo una buena temporada, pero inevitablemente le sabe a poco. De hecho, hace un esfuerzo para convencerse de que ocupar el puesto 27º en el ranking en su temporada de rookie a falta de tres torneos regulares, tener ya asegurada su clasificación para la Final de Dubai y con el PGA Tour a tiro es algo muy bueno. Muy, muy bueno.
Ayora, natural de Marbella, persigue el equilibrio perfecto entre ambición, exigencia y paciencia. A veces, es casi como caminar sobre un alambre. Confía en sus posibilidades, ve cada semana cuál es su nivel y hasta dónde puede llegar, pero las prisas no ayudan. Lo tiene claro y lucha contra ello. Así lo explicaba este miércoles a Ten Golf en la cancha de prácticas del Club de Campo Villa de Madrid. «Hay un poco de todo. Me convenzo de que la temporada es positiva. Si lo ves desde fuera, para la edad que tengo y cómo va el año comparado con otros jugadores con los que jugué el año pasado, la verdad es que es bastante positivo. Esto es muy difícil. Obviamente, quiero jugar mejor, pero creo que está muy bien. Soy consciente de ello, aunque sigo con ese hambre de querer hacer más», asegura.
Hay una obsesión que persigue a Ángel. De cada cinco palabras que salen de su boca, una es mejorar. Siempre está pensando y trabajando con su equipo, liderado por Juan Ochoa, para buscar la manera de crecer. Sabe que las cosas no llegan por casualidad, sino con esfuerzo y sacrificio. No cuenta las horas que echa en el campo de prácticas. De hecho, lo tienen que parar. El punto de mira ahora lo tiene en la parte mental y un gusanillo al que ha sentenciado a muerte. «En este deporte tienes que estar al cien por cien en cada golpe; el noventa por ciento no vale. Estoy en la búsqueda de una rutina que te meta en el golpe. Últimamente, el objetivo es alcanzar ese estado mental que tengo cuando practico o juego un pro-am: lo quiero hacer bien, pero sin ese ‘gusanillo’ detrás de la cabeza diciéndome “cuidado, aquí no puedes fallar”. En el pro-am tampoco quiero fallar, pero voy con cierta agresividad y confianza que a veces me falta en competición. No es fácil; es muy fácil decir “juega como practicas”, pero cuando cuenta no es tan fácil… Así es el deporte en general. Hay que aprender a lidiar con ello. Es un camino largo, poco a poco: tomar nota, analizar, intentar mejorar y punto».
Ayora lleva una muy buena temporada, pero quiere más. El gran objetivo no ha cambiado. Se llama PGA Tour. «Siempre ha sido ese: coger una de las diez tarjetas. Ahora estoy más cerca que al principio. Aún tengo que jugar muy bien, está claro, pero es factible y creo que puedo conseguirlo si sigo jugando como estoy y con paciencia. Hay que evitar la ambición “mala”, la de quererlo todo ya; buscar la ambición buena, la que te impulsa hacia arriba. No es fácil; hay que encontrar el equilibrio y ser paciente cuando es difícil serlo». La cabeza bullendo. El alambre. La batalla mental.
El otro objetivo es ser el rookie del año del DP World Tour. Se le ha escapado un poco el francés Martin Couvra (los separan algo más de 500 puntos), pero aún queda mucho en juego. Hay margen suficiente para el sorpasso. Piensa en él. Con ese objetivo lo va a jugar todo: Open de España, India, Corea, Abu Dhabi y Dubai. Una victoria lo cambiaría todo y lo sabe. Nadie le va a explicar lo difícil que es, pero tampoco nadie le va a quitar de la cabeza que tiene la capacidad para ganar cualquiera de esos cinco torneos. Cualquiera.
El punto más débil del juego de Ayora en los últimos tiempos ha sido el putt. Suele ser cuando alguien es tan bueno de tee a green y se va dejando tantas oportunidades. Sin embargo, algo ha encontrado en las últimas semanas y lo está enfocando de la manera correcta. «El año pasado lo noté más: estuve jugando al golf increíble de tee a green y no acertaba una en el green. Otro golfista, con mi juego largo, sacaría de media menos seis. Ahora tengo bastante más confianza. Cambié de putter. Estoy con el Spider, el mismo que Rory McIlroy. Lo cogí en el Open de Francia y me ha venido bien. El putt es muy mental: si lo ves como tu punto flojo, tienes que dejar de creer que lo es. Si no, llegas a patear pensando “pateo mal” y eso hay que quitárselo. En el campo, aunque salgan mal las cosas en el green, voy putt a putt: llego, veo la caída con Juan, elijo línea y lo tiro decidido. Y no dejo que afecte al juego largo». Buena pócima.
Son ya seis top 10 esta temporada y cuatro top 5. Su objetivo es ganar. También lo era el año pasado en el Challenge y lo acabó consiguiendo en Polonia. Por qué no esta semana en Madrid. «El campo me gusta mucho. Recuerdo cuando estaba en la Blume un torneo que jugamos aquí. Salí en el último partido con Luis de Miñón, un buen amigo mío, también de la Blume, que iba líder. El último día vino otro jugador desde atrás, uno que no conocíamos, nos empató, salimos los tres al desempate y nos acabó ganando». Ya va siendo hora de quitarse esa espina…
Si ven a Ayora con el pelo corto el lunes, igual es que ha ganado el Open de España. «No sé qué pasa con los rizos. Todos me preguntan por lo mismo. No me estresa. Estoy probando y cuando me canse me lo cortaré. Me dicen que si gano me lo corte. Ya veremos… Tranquilidad», asegura entre risas.



