Ewen Ferguson (-11) es el líder indiscutible del Soudal Open después de dos jornadas, con tres golpes de ventaja sobre su inmediato perseguidor, Marco Penge (-8). El escocés no estuvo la semana pasada en el PGA Championship y tampoco quiso jugar la previa del US Open el pasado lunes, el tercer Grande del año en el que obviamente tampoco va a estar, porque necesitaría meterse entre los sesenta mejores del mundo antes del 9 de junio para conseguirlo, lo que parece un poco complicado, teniendo en cuenta que ahora mismo es el Número 186. Ni ganando esta semana en Bélgica y la que viene en Austria lo conseguiría. En realidad, Ferguson, con 28 años ya cumplidos, sólo ha jugado dos majors en su carrera, el Open de 2023 y el de 2024…
Cualquiera lo diría viéndolo este jueves y este viernes en el Rinkven International Golf Club. Es el único jugador de los presentes que encadena 36 hoyos sin un solo bogey. Y el caso, además, es que no ha desplegado el mejor juego que se le recuerda; sencillamente se ha mostrado fino y oportuno en todas las parcelas del juego justo cuando tocaba, como hacen regularmente los mejores jugadores del mundo. Eso es lo que Ferguson parecía hoy en tierras belgas: uno de los mejores del mundo. Sólo ellos, los mejores, pueden firmar una tarjeta de 64 golpes, siete menos en el día, sin un borrón, habiendo cazado sólo la mitad de los greenes en regulación.
El techo de Ferguson en el ranking mundial ha sido el Número 99, puesto en el que apenas estuvo dos o tres semanas el pasado año 2024. Cualquiera lo diría viéndolo hoy (y ayer) en el Soudal Open. Las cosas del golf. Sólo resta por ver cómo y dónde termina el domingo. Entonces, quizá, sólo quizá, hallemos alguna explicación. Puede que Ewen Ferguson sea uno de los mejores del mundo y él todavía no lo sepa, o no se lo crea. O puede que la explicación a todo sea la más sencilla de todas: Ferguson, como tantos y tantos, es capaz de jugar al golf de esta manera, con pleno control de la situación, sólo unos pocos días al año. Eso va a ser.
Ángel Ayora (-4) anda también en esa misión imposible, la de la consistencia en la excelencia. Si el jueves todo le salía a pedir de boca, en esta segunda jornada ha sufrido más de la cuenta. Arrancaba con birdie en el hoyo 1 y, a partir de ahí, no encontraba la manera de jugar un hoyo entero como dictan los manuales. Poco a poco el andaluz iba dilapidando su amplia reserva de birdies y hasta pareció que podía peligrar su presencia el fin de semana después de irse al agua de salida en los hoyos 13 y 14. Sin embargo, el joven español tiene el coraje suficiente e, incluso a las malas, o a la desesperada, conseguía engancharse de nuevo al torneo con sendos birdies en los hoyos 16 y 17. Estas jornadas de pesadilla (errores desde el centro de la calle, tripateos, bolas al agua…) con final esperanzador pueden ser el anuncio de algo importante. Así es el golf. No hay quien lo entienda. Que se lo pregunten a Ferguson, que no estuvo en el PGA ni estará en el US Open. Que se lo pregunten a Ayora, que hoy seguramente no daba crédito a tanto tiro errado.



