
Graeme McDowell gana el Open de Francia remontando ocho golpes a Kevin Stadler en una jornada de perros en el Golf National
Graeme McDowell (-5) ha ganado el Open de Francia tras una última jornada memorable, entregando la mejor tarjeta del día (67 golpes) y a pesar de que el desarrollo final de los acontecimientos congelase a todos en el Golf National parisino…
Todo y todos de puro hielo, sí. No puede ser de otro modo cuando un jugador como Kevin Stadler (-4), que ha sido el líder durante toda la semana, falla un putt de 0,6 metros (dos pies) para quedarse fuera de un desempate que ya estaba cantado. Siempre es mejor no cantar nada antes de tiempo y quizá fuera eso mismo lo que condenó al norteamericano, que había dado por hecho su 4 en el hoyo 18 y se olvidó de pegar a la bola…
La tragedia de Stadler (hoy 76 golpes) terminaba este domingo del mismo modo que había empezado. Porque en el hoyo 4, cuando manejaba el torneo a su antojo (sus máximos rivales al inicio del día, Jaidee y Riu, ya venían jugando sobre par), también fallaba un putt acaso aún más corto. Aquello fue el inicio de una serie horripilante de tres bogeys y un doble bogey en cinco hoyos. Tres bogeys y un doble bogey… Precisamente los mismos ‘borrones’ que había sumado a lo largo y ancho de las tres primeras jornadas en un campo que destroza al más pintado en cuanto baja la guardia.
Pero no sería justo concluir que el torneo lo ha perdido Stadler y no lo ha ganado McDowell, todo un coloso en la defensa de su título. No sería justo teniendo en cuenta sobre todo la dificultad extrema que ha presentado una jornada pasada por agua. Por momentos jarreaba a placer y en tales circunstancias no sólo parecía imposible jugar sin cometer algún error (de hecho, no ha habido ninguna tarjeta libre de bogeys este domingo), sino también el simple hecho de jugar bajo par (sólo ocho jugadores lo han conseguido en el día) o de terminar con un solo bogey (únicamente McDowell y Edoardo Molinari).
No sería justo tampoco, porque el mismo Stadler acertó a recomponerse por la segunda mitad del recorrido. Igual que Jaidee. Así que el marcador venía justito y G-Mac, lejos de amilanarse, seguía apretando y apretando (vaya el puro que embocaba en el 16 para birdie…)
Seguramente el norirlandés había sido, en su momento, el primero en oler la sangre. «Sólo en un día tan complicado como este podría yo remontar ocho golpes al líder», debió pensar. Ni el agua ni la inestabilidad del viento le hicieron dudar y tan solo el escalofriante hoyo 18 pudo con él después de fallar la salida. La sangre la olió, es probable, pero no hasta que estuvo en el campo y sintió rugir a la madre Naturaleza. Horas antes, mientras apuraba una copa de vino en la cena del sábado, todavía andaba lamentando sus últimos nueve hoyos de la tercera ronda, que parecían haberlo dejado sin opciones.
Al fin y al cabo, él y su equipo estaban ya dudando si había sido correcta la decisión de jugar un poco menos durante los primeros meses del año para llegar más fresco a los ‘majors’ del verano… «Reconozco que sólo ahora puedo decir que fue la decisión correcta, porque he ganado y me encuentro mejor que nunca para afrontar todas las grandes citas», señalaba después de reconocer que el garrafal error de Stadler «no es la manera en que uno quiere ganar».


