
Hace justo dos semanas Pablo Larrazábal firmó su mejor tarjeta en el Circuito Europeo. Fue un 63 en Kingsbarns, nueve bajo par, en la tercera jornada del Dunhill Links Championship. Aquel día algo hizo ‘clic’ en su cabeza. «Pues sí, señores, yo también soy capaz de meter vueltas muy bajas cuando toca». Se convenció. Dos semanas después ha firmado un 64 en el Oceánico Victoria, otro vueltón, el segundo mejor de la temporada.
El golf de Larrazábal siempre se ha caracterizado por emerger en condiciones difíciles. En campos complicados, con viento, preparaciones duras y vueltas apretadas donde los pares saben a birdie es donde más ha brillado el catalán. Por contra, en campos donde se juega ‘cuesta abajo’, con muchas opciones de birdie y resultados bajos, Pablo perdía eficacia. ¿Qué es lo que ha cambiado para que se produzca este ‘clic’? Larrazábal lo tiene claro, pero prefiere no contarlo. Es su secreto y así quiere mantenerlo. Sólo nos da unas pistas: “es una persona con la que vengo trabajando desde hace tiempo y que me está ayudando mucho, pero su nombre prefiero no revelarlo de momento”, señala con misterio.
Lo que no es ningún secreto es que Larrazábal es mejor jugador cada día que pasa, y en gran medida se debe al equipo de trabajo que lo rodea de un tiempo a esta parte. El barcelonés crece y crece. Tiene cinco top 6 esta temporada y, lo que aún es más importante, será el séptimo domingo del año que sale al campo con opciones de victoria, es decir, a menos de cinco golpes de la cabeza. “No voy a cambiar nada mi estrategia mañana. Voy a ir golpe a golpe y lo que tenga que pasar, pasará. El año pasado habría dicho que para ganar haría falta un -20, pero este año me lo planteo de otra manera”, asegura.
Larrazábal ha hecho siete birdies hoy con una secuencia fabulosa de seis en nueve hoyos, entre el 8 y el 16. No está cogiendo muchas calles, pero lo compensa con buenos hierros y, sobre todo, con magníficas recuperaciones alrededor del green, como la del 18, un excelente approach desde el rough de la derecha que dejaba dado para par. Ese Larrazábal ya lo reconocíamos antes, era su sello, pero ahora tenemos la versión 3.0, capaz también de volar muy bajo cuando hace falta.


