Sin duda, es la historia del día en Royal Golf Club (Bahrain) donde se disputa el Volvo Golf Champions. Seguramente, en realidad, sea una de las historias más rocambolescas y asombrosas que hoy se hayan dado en todo el Reino de Bahrain…
Miguel Ángel Jiménez (-11) es uno de los cuatro líderes que nos ha dejado el final de la segunda jornada. Hasta ahí, todo más o menos razonable, porque el español acostumbra a moverse en los puestos altos de la tabla. La cosa mejora cuando uno comprueba que Miguel ha tenido que entregar una tarjeta de 65 golpes para cazar al líder de la mañana, el italiano Edoardo Molinari (los otros dos colíderes son Peter Hanson y Raphael Jacquelin). Y el relato se sale de categoría si resulta que el español termina su vuelta haciendo tres birdies en los hoyos 15, 16 y 17 sin siquiera llevar el putter en su bolsa… ¿Podría Rafael Nadal ganar el último set de un partido jugando sin una zapatilla?
¿Cómo pudo ser eso? A Jiménez se le vio en la retransmisión televisiva metiendo un buen putt de birdie en el hoyo 12 e, inmediatamente, levantando los brazos en señal de alivio. Casi mirando al cielo. Pero uno revisaba su tarjeta y resultaba que su ronda no podía ser más inmaculada hasta ese momento: cinco birdies y ningún error. ¿Entonces? Pues semejante gesto debía responder, intuimos, a que en realidad Miguel se había dejado unas cuantas ocasiones más de birdie por el camino.
Afrontaba después los dos pares 5 consecutivos del Montgomerie Course, hoyos 13 y 14. En el primero falló un putt de bridie más bien corto. Y en el segundo erraba de nuevo con el putter un tiro de metro y medio para par. A partir de ahí, que cada cual saque sus conclusiones… El caso es que en el green del hoyo 15 Jiménez ya no tenía el putter disponible. Estaba roto por la mitad de la varilla y bien guardado. ¿Cómo se rompió? Preferimos no especular demasiado, pues las cámaras no mostraron nada al respecto…
Pues bien, allí, en el green del 15, Miguel se dejaba una opción de birdie de unos seis metros. Y embocaba limpiamente pateando con un wedge (parecía el lob-wedge, algo así como un 60º), tocando la bola con el filo. Es la técnica más usada por los profesionales cuando por gajes del oficio se quedan sin su putter.
Y seguimos: en el hoyo 16, largo par 3 que estaba dando muchos problemas, el español a punto estuvo de hacer hoyo en uno, pero su bola lamía el borde. No es una mala estrategia: si no tienes putter, mejor meterla desde 190 metros, y a otra cosa. Daba igual: pateaba de nuevo con el wedge desde unos dos metros… Y adentro. De locura.
En el hoyo 17, otro hueso, pegaba un tirazo desde la calle y se dejaba una opción de birdie de menos de medio metro. Es otra buena estrategia: si no tienes putter, déjate los birdies casi dados con los hierros de calle. Todavía pateaba para birdie desde unos seis metros en el 18, pero este tiro se le escapó por centímetros, de nuevo wedge en mano.
En fin, ya en el tee del hoyo 16, el par 3, aprovechando un parón del juego, sus compañeros de partido, Monty y Clarke, le habían estado 'tomando el pelo' al español a cargo del suceso. Jiménez, mirando fijamente a la cámara, espetaba: "llevo más de veinte años en el circuito y todavía tengo que aguantar esto…", y luego se fundía en múltiples abrazos con sus dos colegas. Al final de la vuelta, de nuevo más abrazos, palmadas, sonrisas. Colin y Darren creían haberlo visto todo en sus dilatadas carreras, pero con Miguel siempre queda algo nuevo que aprender.
¿Rompió su putter Miguel en un arrebato? Pues no podemos afirmarlo. Nada se vio al respecto. (En la página del European Tour dan a entender que sí). Si fue así, tampoco vamos a escandalizarnos. Permitan semejante laxitud ante semejante profesional del golf. Si fue así, además, resulta de una dimensión casi extraterrestre el modo en que recompuso la figura para seguir destrozando el campo.


