Pasaban veinte minutos de las nueve de la mañana cuando Jon Rahm ha aparecido en la casa club del Real Club de Golf de Sotogrande. Bien acompañado por su padre, madre y hermano. Relajado. Tranquilo. Sí, el golfista de Barrika tiene ESA mirada. Energía a tope. Victoria entre ceja y ceja. Es su tercer torneo en España en 2024, jamás había jugado tanto aquí como profesional, y no está por la labor de que se le escape. El primero, en Valderrama, se lo llevó Sergio García. El segundo, en Madrid, fue para Ángel Hidalgo. Este ya le toca. A la tercera va la vencida. Es lo que piensa. Es su deseo. Tiene esa mirada, la mirada del póker. Sería su cuarto triunfo en suelo español como profesional.
Rahm jugó el Open de España y el Alfred Dunhill Links Championship de manera consecutiva y nada más acabar en el Old Course el domingo, donde acabó séptimo, se subió a un avión y regresó a casa a Arizona. Ha estado siete días ejerciendo de padre, encargándose sobre todo de Kepa y Eneko, colegio y guardería arriba y abajo. No ha tocado un palo. Modo desconexión. El domingo se volvió a subir a un avión y aterrizó en Gibraltar. Vuelo directo. Ayer ya estuvo practicando algo en Sotogrande y hoy ha salido a jugar una ronda de prácticas junto a David Puig y Pablo Larrazábal.
Jon tiene esa mirada. Quiere cumplir los 30 años dentro de 26 días con once triunfos en el DP World Tour y 22 en toda su carrera. La ambición no baja. Con sólo 17 años confesó que su gran objetivo/ambición/deseo/desafío era ganar 19 Grandes, superando así la marca de Jack Nicklaus. Ahora, trece años más tarde y con toda la experiencia que ya lleva acumulada, la única cifra que sale de su boca es tres. No es que se conforme con tres Grandes en su carrera, simplemente es que lo próximo que quiere ganar es el tercero. ¿Cuántos Grandes te gustaría tener cuando te retires? «Ahora mismo digo tres, tres es el objetivo porque es el siguiente, y cuando tenga tres, el objetivo será cuatro, y cuando llegue a cuatro, serán cinco… Y si después me quedo en seis, pues no estará mal, porque son muy pocos los que han pasado de cinco, y si me quedo en la mitad de 19, nueve y diez, pues estaría también satisfecho y si llego a 19, pues qué te voy a decir… Pero si me preguntas cuál es la cifra que tengo en la cabeza ahora mismo es tres».
A nadie se le escapa que ha sido un año complicado para Jon. De lejos, el más difícil de su carrera. Se produjo el cambio del PGA Tour a LIV Golf, las tensiones con otros jugadores, la incertidumbre, el foco apuntando directamente a sus ojos, después, cuando las piezas fueron más o menos encajando con el paso del tiempo, llegó el embarazo delicado de Kelley, más preocupación, más tensión. Ahora todo eso ha quedado atrás. Firmó una gran actuación en el British Open, ha ganado dos torneos en LIV, el ranking individual del circuito saudí y Alaia, su hija, se encuentra perfectamente. Es como si precisamente ella, su nombre significa alegría en vasco, le hubiera devuelto la paz absoluta.
Jon gana más y mejor cuanto más tranquilo se encuentra, aunque también necesita desafíos y alicientes. Por supuesto, no faltan esta semana. El más importante tiene que ver con algo que ocurrió en 2012, hace dos años. «Es una espina muy grande que aún tengo clavada y ojalá me la pueda quitar esta semana», explica. Es, seguramente, la derrota más dolorosa de su carrera. Se disputaba la Copa Sotogrande, el torneo más importante que Rahm había jugado hasta ese momento en su carrera. Salió el domingo en el partido estelar, arrancó con un parcial de cuatro menos en seis hoyos y se colocó cinco bajo en el 11. «Tenía una ventaja de cuatro o cinco golpes a falta de siete y empezaron los problemas: fuera de límites en el 13, doble bogey, birdie en el 14, bogey en el 15, tres putts en el 17 y fallé un putt de unos cuatro o cinco metros en el 18 para ganar el torneo. Salimos a play off con Robin Kind y Kristoffer Ventura y ganó Kind en el primero. Fue una experiencia. Aquello me sirvió para aprender. Después no me ha ido demasiado mal, así que seguro que ayudó».
Jon no siente que su vida haya pasado de manera vertiginosa en los últimos años: dos Grandes, Número Uno del mundo, más de veinte victorias, el paso a LIV, tres hijos… «No lo veo de manera vertiginosa. Igual cuando cumpla los 30 en unos días sí me paro y lo veo de otra manera, pero ahora mismo sólo pienso en que no he cambiado mucho en este tiempo. Quiero pensar que sigo siendo el mismo. Sinceramente, fue más cambio para mí el salto de Bilbao a la Blume, y cambiar de estudiar en vasco en la ikastola a aprender en español, y cuando me fui a la universidad a Arizona. Esos cambios fueron más bruscos que los que he tenido ahora. He soñado tantas veces con tener lo que tengo ahora mismo, tanto profesionalmente como familiarmente que es como su lo hubiera visto siempre así. He conseguido muchas cosas de las que quería conseguir, pero mi esencia no ha cambiado».
Es un Jon en paz. Con ESA mirada. Mucho ojo.



