
Justin Rose lo sabe. En realidad, todo el mundo lo sabe. Es un secreto a voces. El elegante golfista inglés es el gran favorito para sustituir a Luke Donald al frente de la capitanía de Europa. En Irlanda en 2027 tendrá 47 años recién cumplidos. Su nombre está sobre la mesa y hasta se puede decir sin miedo al error que es el mejor colocado. Por ello esta semana, cuando ni siquiera hemos llegado aún a Bethpage, aunque estemos a las puertas, se le ha cuestionado otra vez por el asunto. Su respuesta ha sido interesante y reveladora. Advierte de que no será una decisión sencilla por su parte y apunta a un cambio en el paradigma capitán-Ryder-Europa.
Primero vamos con su respuesta exacta. Es larga, pero merece la pena para que cada cual extraiga sus propias conclusiones. De hecho, la extensión de su reflexión es ya el primer reflejo de que es algo que no se toma a la ligera. «Luke ha hecho un trabajo fenomenal. Es interesante que el capitán sea un par (un coetáneo de los jugadores que integran el equipo). En mis Ryder anteriores siempre miré a los capitanes como jugadores con los que había jugado y convivido, pero no tanto como unos iguales a mí; en cambio, Luke lo es. Por eso presto más atención al proceso, a lo que ha ido haciendo, a lo meticuloso que ha sido y al tiempo que consume; y al trabajo fantástico que ha hecho no solo en la semana del torneo, sino con el mensaje y la mentalidad continua y consistentes que ha creado en todo el equipo. Y, en lo que a mí respecta, sí, claro que te planteas la pregunta y empiezas a pensarlo. No sé si existe el momento perfecto para ser capitán de la Ryder. Porque, o es un poco pronto y sacrificas tu propio golf —a menos que lo hagas como Keegan—, o si lo dejas pasar es quizá demasiado tarde, sientes que estás deambulando y viajando más de lo que quieres a esas alturas. No creo que haya un momento perfecto. Si me lo preguntan, haré todo lo posible por pensarlo bien y tomar la decisión correcta. A día de hoy, es emocionante y, no sé si es pensamiento ilusorio, pero sí, creo que puedo seguir jugando. Cuando estás en una Ryder, no parece que la siguiente esté tan lejos. Crees que todavía puedes llegar a otra. Hay mucho que desentrañar. Pero la cuestión es que Luke ha hecho un trabajo increíble y, como he prestado más atención, me doy cuenta de lo grande que es el trabajo; así que, si dices que sí, tienes que estar preparado».
Lo que sugiere la reflexión de Rose es que sabe que está llegando su momento. Aún tiene firme el deseo de jugar la próxima Ryder en Irlanda, pero al mismo tiempo no quiere que se le pase el arroz, que por dejar pasar ese tren, pasen cuatro años desde hoy (tendría 49), su rendimiento haya caído en exceso y ya no sea un par, un igual de los jugadores. Rose quiere ser un capitán al estilo Donald –y casi más como Keegan Bradley– y eso significa estar competitivo, jugando los grandes circuitos, coincidiendo en los torneos con los candidatos a formar parte del equipo. Es el gran dilema que debe afrontar el inglés, el sucesor de Donald más lógico.
En este sentido, también se apunta a un cambio de paradigma. Da la sensación de que nos podemos ir olvidando de capitanes a la antigua usanza, golfistas que estaban en la recta final de sus carreras, sino con ellas ya agotadas completamente. Son los casos más recientes de Ian Woosnam en 2006, Nick Faldo en 2008, Montgomerie en 2010, Olazábal en 2012, McGinley en 2014, Darren Clarke en 2016, Thomas Bjorn en 2018 y ya un poco menos Padraig Harrington en 2021 y Luke Donald en 2023. Estarían más o menos competitivos, pero ninguno de ellos estaba ni cerca de su mejor nivel.
Esta tendencia está cambiando. Keegan Bradley es el primer ejemplo, Justin Rose podría ser el segundo y tras ellos podrían venir más. El proceso se está acelerando. El propio Rory McIlroy contó hace menos de un mes que se puso su nombre sobre la mesa para la Ryder de Irlanda, aunque lo descartó. Igual sí que vemos a Rory en plenitud con 40-41 años siendo capitán. O Tommy Fleetwood. O quién sabe si Jon Rahm en Camiral 2031. Es la tendencia a la que se va y después estará en la personalidad de cada uno decidir si puede con todo y es capaz de llevar la capitanía adelante y la batalla de clasificarse para el equipo.
La gran excepción a este proceso que cambio de ritmo que se está llevando a cabo en los capitanes de ambos equipos se llama Tiger Woods. Porque ya sabemos que Tiger Woods es un mundo aparte y se sale de toda regla.


