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Kaymer profundo

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Dice Bernhard Langer que, al margen de su juego, quizá lo mejor que tenga su compatriota (y flamante Número Uno) Martin Kaymer sea su entorno. Sus apoyos familiares. Su círculo íntimo. Y, como resultado de todo ello, una cabeza equilibrada y, como solemos decir en España, bien amueblada…

Ayer, el alemán dio algunas muestras de todo ello. Vamos a rescatar un escueto pero jugoso pasaje de su intervención ante los medios en Doral. Le preguntaban si no había ocurrido todo demasiado rápido en los últimos doce meses, y Kaymer se soltaba el pelo con una reflexión casi filosófica que, a nuestro juicio, iba un poco más allá del palmarés y los logros deportivos.  Djio Martin:

"Si alguien me dice hace doce meses todo lo que iba a pasar yo habría pensado que estaba loco y que algo así no podría ocurrir. Yo no lo esperaba. Mucha gente me dice ahora que yo debo ser la persona más feliz del mundo en estos momentos. Y yo les digo que sí, que soy feliz y que estoy satisfecho con todo lo que he hecho. Pero todavía me falta algo… No sé qué tengo que hacer para ser realmente feliz y estar realmente satisfecho con todo lo que he hecho. Lo que he logrado es fantástico y nadie lo esperaba, yo no lo esperaba. Pero hay algo que falta y no sé lo que es, qué tengo que ganar, qué más tengo que hacer… Hay algo que falta. Quizá lo encuentre en los próximos doce meses".

A nuestro entender, el 'mensaje' de Kaymer tiene dos claras vertientes. Por un lado está el aspecto puramente deportivo. Muestra su ambición. Ha logrado mucho en el último año, pero quiere más. Es la declaración de intenciones de un gran campeón.

Sin embargo, parece que puede hacerse otra lectura más profunda, que es desde luego la que nos gustaría resaltar en este momento. Cuando se pregunta qué tiene que hacer para ser plenamente feliz con sus logros, parece estar yendo más allá. Y lo hace (muy importante) sin afectación teatral alguna. Transparente. No hay impostura y sí, más bien, una exquisita sencillez. Se admiten, en todo caso, interpretaciones.

Da la sensación de que anda planteándose cuestiones vitales. Sin duda, una muestra de salud mental (esa cabeza impecablemente amueblada…) y de madurez. De algún modo, aprovecha la situación para relativizar los éxitos. Como diría Kipling: "el éxito y el fracaso, esos dos impostores…"

La pasada semana Kaymer descansó. Se quedó en Scottsdale  junto a su hermano Philip y un amigo suyo, Patrick. Y le aguardaba un sorpresa: su padre, Horst, voló desde Alemania para estar 24 horas con él y así felicitarle en persona por su Número Uno recién estrenado tras el Accenture. Quería hacerlo porque, según le dijo a su hijo, a lo mejor cuando éste regresara a Alemania ya le habían bajado del trono mundial… Los cuatro pasaron una magnífica jornada de golf. Dos rondas. Martin y Horst contra Philip y Patrick. Tal y como ha señalado el propio Kaymer, disfrutaron como niños.

Quizá se refería a eso… Martin fue igualmente feliz ganando el PGA que jugando dos rondas junto a su padre. Un padre, por cierto, que había pasado 30 horas entre aviones y aeropuertos (ida y vuelta) para estar, orgulloso de su hijo, 24 horas con él entre medias…