
Álvaro Quirós (-3) había comenzado como un tiro: tres birdies en los primeros cuatro hoyos, comenzando su vuelta por el 10 del Emirates Golf Club. Pero a partir de ahí la vuelta comenzó a hacérsele monótona…
Se puso a jugar más que correctamente, sin hacer tampoco grandes cosas. Muy ordenadito. Ni siquiera el sobresalto de un tripateo (hoyo 15) consiguió revolucionar sus pulsaciones.
Y así se le iban pasando los hoyos. Notable desde el tee, aseado en el fairway… Realmente no se activó al ciento por ciento hasta que tuvo que poner los cinco sentidos a trabajar ante una situación delicada. Ocurrió en su último hoyo, el 9, después de fallar la salida. Su bola fue a parar al rough y el tiro, con varios árboles delante y el agua por la izquierda, era algo más que un compromiso. Salvó la sitación pateando incluso para birdie desde unos seis metros…
Y en esas estaban camino de la carpa de entrega de tarjetas, cuando Álvaro se volvió a Raúl, su caddie, y le dijo: “mira, esa pizarra está mal. Me ponen tres menos”.
Iniciaron ambos algo así como un diálogo de besugos, porque el jugador insistía en que su resultado era de una menos. Tarjeta en mano, su amigo y empleado le explicó que no, que eran tres. Y no, no le sentó nada mal al jugador ese ‘eagle’ de propina. “Me iba tranquilo del campo con mi 71, con la idea de haber hecho bien las cosas, pero sin nada especial, así que imagínate como estoy con mi 69…”


