El dueño del DLF Golf and Country Club aspira cada año a que el Hero Indian Open se convierta en una especie de versión asiática del US Open. Es su sello. Quiere que su campo sea muy duro, exigente y que al final de la semana apenas haya un puñado de jugadores bajo par… si acaso.
El abierto nacional de la India se lleva jugando en este fabuloso diseño de Gary Player desde 2017 y siempre ha conseguido que sea un test difícil aunque sin llegar a la escabechina. El año más duro fue, precisamente, el primero, cuando Chawrasia ganó con -10, el segundo fue -3 y sólo siete golfistas acabaron bajo par. En aquella edición el español Carlos Pigem tuvo opciones de victoria.
Pues bien, el señor Rajiv Singh, presidente de la compañía y dueño del campo, pretende que este año sea como mínimo como en 2017. «Esto va a ser una carnicería», aseguraba a Ten Golf este martes Ángel Hidalgo, golfista malagueño que disputa el torneo. Para demostrarlo comparte un vídeo del hoyo 3, par 3. Él pega un hierro 6. Miren con atención el bote de la bola y suban todo lo que puedan el volumen para escuchar el ruido que hace al rebotar contra el green.
Jorge Campillo y Juan Ochoa, caddie y entrenador de Ángel Ayora, coinciden en la dificultad. El extremeño asegura que nunca ha visto los greenes tan duros a martes ni el rough tan espeso y fuerte, especialmente alrededor de green. Obviamente, esto dificulta muchísimo las recuperaciones. Los greenes están al límite. Tanto es así que ayer, a dos días de empezar el torneo, algunos se estaban poniendo grises y tuvieron que echar agua en el 5 y en el 7. Se va a estar regando porque se corre el riesgo de no llegar al domingo con los greenes enteros. «Creo que hoy estaban a 12 en el stimpmeter», afirmaba ayer Ochoa.
El International Series de la India, torneo del Asian Tour que se jugó hace casi dos meses en este mismo campo nos puede servir de pista sobre las intenciones del dueño del DLF. Ganó Schniederjans con -10, el segundo fue DeChambeau con -6 y sólo cuatro golfistas acabaron bajo par, algo parecido a lo que ocurrió en 2017. Ese es el objetivo del dueño, pero habrá que ver si después es posible.
A las duras condiciones por la preparación del campo, que por cierto está en un estado de mantenimiento impresionante, no es Augusta National pero no está muy lejos, hay que unir el tiempo. Hace mucho calor. Las temperaturas están rondando los 40 grados y se espera algo de viento, confirman a Ten Golf desde el DP World Tour. En este sentido, se ha permitido a los golfistas jugar esta semana en pantalón corto y se han establecido cuatro puntos de shuttle que desplazarán a los jugadores de green a tee en buggy. Además, habrá también coches en la calle del 17 para subir a los caddies con sus bolsas hasta el green, ya que la pendiente es muy empinada.
Los matices a la escabechina que ha preparado el dueño son que los jugadores ya conocen muy bien este campo, lo cual ayuda con la estrategia. Si se falla la calle puede ser un drama, pero si se va recto pueden tener muchas opciones de birdie, aunque con los greenes tan duros, rápidos y movidos es obvio que se dificultad la posibilidad de dejarlas cerca. También es muy probable que jueves y viernes se apueste por adelantar un buen número de tees, con el objetivo no sólo de facilitar un poco las cosas, sino de agilizar el ritmo de juego, ya que el año pasado, cuando los resultados fueron buenos, se registraron rondas por encima de las cinco horas y 40 minutos.
Sea como fuere, será una semana divertida, diferente, con mucha tragedia, un buen puñado de dobles bogeys, triples bogeys y más. Una espléndida batalla entre lo buenos que son estos jugadores y el empeño del dueño del DLF de llevarlos al límite. Veremos quién gana. En definitiva, un espectáculo digno de verse.



