David Puig (-3) ha pasado en media vuelta de decir adiós al torneo a meterse de lleno en la pelea por la victoria. Tercero, a dos golpes de la cabeza. Así de rápido pueden cambiar las cosas cuando enfrente tienes a un jugador tan explosivo como él. Y todo ha estado en la actitud. Llámenlo madurez. Llámenlo sangre fría. Llámenlo experiencia. Todo suma. Todo cuenta en la historia de la «peculiar» vuelta que ha firmado el de La Garriga en la segunda ronda del Dubai Invitational.
El asunto apuntaba a cataclismo a partir del hoyo 14. Su quinto del día. Triple bogey. Algo más que una colleja. Una puñalada en el costado. Un triple bogey que casi podría decirse que salió de la nada. Un error no forzado. De los que más duelen. No duda en entonar el mea culpa. Su bola acabó en el búnker de green tras su tiro de salida en este par 3. Ni siquiera fue un mal golpe. Simplemente, el viento la cogió más de lo que esperaba.
Una vez en la arena, Puig trató de ser virtuoso. Se lo puede permitir porque hablamos de un genio del juego corto. Pero esta vez su órdago salió rana. «Había más arena de la cuenta en el búnker y he intentado ser muy fino, pegar el golpe perfecto para dejarme una buena opción de sacar el par. No ha terminado de salir. Acto seguido, me ha pasado lo mismo. Misma intención y mismo resultado. Llevaba tres golpes y no había salido del búnker», explica a Ten Golf. A la cuarta ya sí la pudo sacar y necesito dos putts más para acabar el hoyo. Dolor.
Poco después, en el 17, fuera de límites a la derecha, más visitado de lo que creen esta semana porque el agua intimida y de qué manera por la izquierda. Otro triple bogey. «Ese sí fue un mal swing», admite. Aunque también hay que decir que el fuera de límites está muy apretado. En cualquier caso, el resultado era demoledor. En cuatro hoyos había firmado un parcial de seis sobre par y había caído a la mitad de la clasificación.
Sin embargo, quizá la experiencia que le faltó en el 14 de jugar al bogey, le sobró en el tee del hoyo 1. Conversación con su caddie. «Vale, no estaba contento, pero realmente habían sido dos triple con un solo mal swing, estaba jugando bien y, además, estaba a cinco o seis golpes de la cabeza con mucho golf por delante». Eso fue lo que se dijeron y la terapia salió de cine.
«También ayuda que vinieron birdies muy rápido», replica con honestidad David. Concretamente, fueron tres en cuatro hoyos, la misma secuencia del jueves. «A ver, sí, la charla estuvo bien, pero otra muchas veces dices cosas parecidas y no salen, lo que pasa es que como hoy ha salido bien y hemos hecho cuatro birdies a partir de ahí, pues se cuenta… Ojalá fuera todo tan fácil», dice Puig destilando puro sentido común.
Más allá de sesiones de diván improvisadas en mitad de una vuelta, la realidad es que David está jugando muy bien y a eso se agarra para pensar que va a dar mucha guerra. Son once birdies en dos días, el más ha hecho de todo el top 10 del torneo. Los hierros, que tanto ha pulido en este invierno, están funcionando. De hecho, sus seis birdies hoy han llegado desde menos de tres metros, algo que se acerca a la proeza en un día tan complicado por el viento.
Así son los días peculiares de golf de David Puig. Un sufrimiento para él y una gozada para el que lo va disfrutando por fuera de las cuerdas. El catalán se marchaba hoy del Dubai Creek Golf Club con el pecho un poco más hincado de lo habitual. Y tenía razones para ello por cómo le ha dado la vuelta a la tortilla en una situación límite.



