
Pablo Martín se ha tomado cuatro meses sabáticos. Si hablamos de golf, claro, porque en el resto de su vida la actividad ha sido frenética.
Se marchó a vivir a Estocolmo con su novia Josefine y ha sido padre del pequeño Maximiliam Mill Benavides. Regresó a España con motivo del Open de El Saler, un buen lugar sin duda para celebrar su 27º cumpleaños y un escenario perfecto para charlar con él y ponerse al día.
Desde que acabó la Escuela del Circuito Europeo allá por el mes de diciembre ha habido muy poco golf en su vida, prácticamente nada. Necesitaba resetear. Hacer borrón y cuenta nueva. Verlo con otros ojos. Y se ve que ha funcionado. Pablo desprende felicidad. Está contento con su nueva vida y poco a poco se está reincorporando al golf. En el Open de España tuvo su primera toma de contacto. Dos vueltas de 75 golpes en un recorrido tan exigente como El Saler después de casi medio año sin competir hay que calificarlo como más que bueno. “Estoy muy fresco, pero también oxidado. Sólo he podido pegar algunas bolas en las dos últimas semanas porque encontré una cancha de prácticas que está abierta todo el año, aunque tiras a la nieve…”, explica.
Una vez pasado el Open de España, una forma de matar el gusanillo y probarse sin muchas más expectativas, Pablo encara el verano con toda la ilusión del mundo por regresar de verdad a la competición. Todo lo que va a hacer es un camino para llegar de la mejor forma posible a la escuela del Circuito Europeo, donde entra directamente en la final.
El malagueño ha pedido invitaciones para jugar en Madeira, a mitad de mayo, el Nordea Masters, a principios de junio, y el BMW International Open de Munich, a finales de junio. Aún no ha obtenido una respuesta de los promotores, pero un jugador que ha sido tres veces campeón del Tour no debería tener problemas para conseguir al menos una.
En estos torneos, podrá testar, como ya hizo en El Saler la semana pasada, su poderosa y renovada velocidad de palo. “Como no podía jugar al golf, me he dedicado a entrenar lo único que se puede hacer allí cuando está todo el día nevando. He hecho muchísimo esquí de fondo y ejercicios para aumentar la velocidad de mi swing y ganar distancia. Ahora estoy en unas 122 millas de media de velocidad de palo”, asegura. Una cifra que se acerca mucho a la que tiene Álvaro Quirós, sin ir más lejos.
Mientras espera las invitaciones, Pablo competirá también en todo lo que pueda del Challenge y probablemente, a finales de temporada daría el salto a Sudáfrica para disputar algunas pruebas del Sunshine Tour, donde tiene exención. No hay que olvidar que ganó dos veces el Alfred Dunhill Championship en Leopard Creek.
Estos son los planes del nuevo Pablo Martín. Un Pablo Martín que ha recuperado la sonrisa y eso sólo puede ser sinónimo de cosas muy buenas en el futuro a corto y medio plazo. También dentro de los campos de golf.


