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La sensacional victoria del español en el Dubai Invitational contada desde dentro

Nacho Elvira escapa del tren de la bruja para lograr su victoria más grande

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Nacho Elvira sostiene el tan gratificante como pesado trofeo del Dubai Invitational. © Ten Golf
Nacho Elvira sostiene el tan gratificante como pesado trofeo del Dubai Invitational. © Ten Golf

Nacho Elvira sale del hoyo 11 tras salvar un par de esos que obligan a contener el aliento. Ha tenido que meter un putt de vuelta de unos dos metros, aunque parecen diez por todo lo que viene pasando en la última hora. Después de ponerse con tres golpes de ventaja con un golf imperial del 1 al 7, hace bogey en el 8, quizá por un exceso de adrenalina o ambición, cae otro en el 9, la manda al agua en el 10 con un golpe rarísimo que no entraba en ninguna ecuación y falla la salida al hoyo siguiente, con el agravante de que la pelota se queda fatal colocada.

Todo esto junto da para una película de terror. La clasificación se ha apretado al límite y hay una legión pidiendo paso. Que si Shane Lowry, que si Rory McIlroy, que si Daniel Hillier, que si David Puig, que si Marcus Armitage… Lo que viene siendo un drama. Así se está viviendo al otro lado de las cuerdas, menos Martina y Claudia. Ellas miran felices a su padre porque lo tienen cerca, porque les ha prometido que esta noche van a comer ‘cocholate’ y porque les acaba de dar un paquete con sus galletas favoritas. Las llevaba en la bolsa para reponer fuerzas durante la vuelta, pero realmente nada llena más que la sonrisa de tus hijas. Por cierto, se están portando fenomenal. Martina no para de cantar, pero bajito, como si llevara tatuada las reglas de etiqueta del golf. Claudia, por su parte, lidia como una jabata con una llagas en la boca y un diente que le está saliendo. Nada que no se arregle con las galletas. Las campeonas se han hecho 16 hoyos.

Elvira sale del green del 11 y se acerca a su familia. Se ve que las niñas han salido en esto a su padre, ya que tampoco ve drama por ningún sitio. Se lo toma con humor. Una perfecta muestra del extraordinario momento de madurez personal y deportivo que atraviesa. «Bueeeeeeno, a ver si vamos saliendo ya de este tren de la bruja y volvemos a jugar al golf», comenta entre risas. Manu Elvira, su hermano, que se ha venido rápido de pegar unas bolas en el Emirates Golf Club, donde se une a la Armada la próxima semana para el Desert Classic, para seguir los últimos nueve hoyos le aplaude la actitud. Aunque lo hace para dentro. Muy de Manu.

Dylan Frittelli es el compañero de partido estelar de Nacho. Es un jugador de gesto adusto, hierático, escondido siempre tras unas gafas de sol que parece formar parte de su cara. ¿Alguien le ha visto alguna vez los ojos? Realmente parece sacado de la serie V. En cualquier momento se va a arrancar la piel de la cara y va a aparecer un lagarto. Disculpen la referencia viejuna.

Frittelli está flipando con la actitud de Nacho, con sus risas cada vez que se acerca a sus hijas, con sus comentarios divertidos. Incluso cuando el santanderino grita a pleno pulmón «aquí se fue la vuelta» tras tirar la bola al agua en el 10. No entiende nada. Mucho menos cuando acto seguido, cuando parece que la cadena definitivamente se ha soltado, pega uno de los mejores tiros del día (hay varios) y salva el par con un putt sensacional de unos tres metros.

Lo del tren de la bruja ha funcionado. Nacho recupera las pulsaciones de la vuelta. Retoma el orden y el control. Vuelve a pegar un golpe bueno tras otro, igual que en el primer tercio de la vuelta. El hoyo 12 lo tranquiliza. Ah, qué era esto, parece decirse. Eso sí, el torneo es otro. Ahora toca ganarlo y de frente, por detrás y a cada lado sólo aparecen morlacos. ¿Preocupado? Puede ser, pero no lo parece.

Pega el tercer golpe en el 13, par 5, se deja una buena opción de birdie y se vuelve a acercar a las cuerdas. «Menudos gallos se han metido ahí en la pelea, ¿no?», asegura a los suyos en referencia, entre otros, a McIlroy, que ha hecho todo lo que estaba en su mano para perder el torneo y aún así se las arregla para llegar al último hoyo con opciones. Más mérito para Nacho. Justo cuando lo comenta, se escucha la ovación que llega del 15. Lowry ha metido un putt de ocho metros y se ha puesto líder en solitario. Nacho, por primera vez este domingo, no está en cabeza. Martina y Claudia no saben lo que significa la metáfora cuando su padre dice gallos, pero les da igual porque lo ven sonreír.

A partir de ahí, Elvira hace todo lo que puede para ganar el torneo. Y lo hace bien. En el 14, par 3 provocador de migrañas, firma dos buenos putts para par desde lejos. En el 15 y en el 16 se deja dos buenas opciones de birdie, pero se escapan. Malditas corbatas. Lo bueno es que lo hierros están calientes. Que se lo digan al 8. Con él pega el golpe del torneo. Hoyo 17. La deja a dos metros para birdie y la mete.

Se vuelve a poner líder porque Shane Lowry la ha liado en el hoyo 18. La manda al búnker del fondo con el segundo golpe desde el primer corte de rough. No sólo no puede hacer la recuperación, sino que acaba en el agua del otro lado, la sacada era muy difícil. Doble bogey. Su cara es un poema. No gana un torneo individual desde 2022.

Elvira todavía tiene que rematar la faena. El hoyo 18 no es ninguna gominola. McIlroy acaba de hacer bogey y Lowry… ya ven lo que ha hecho. Lo juega de libro. Salida de manual al centro de la calle y sí, cómo no, otro hierro 8 a cinco metros de la bandera por la derecha. Dos putts y victoria. Martina y Claudia se asustan con el ruido, pero rápida vuelven a sonreír. Porque su padre está sonriendo y hay mucha gente abrazándolo. Algo bueno ha tenido que pasar.

Y tanto. Que Nacho escapó a tiempo del tren de la bruja para lograr su victoria más grande y más emotiva.

Resultados finales del Dubai Invitational