«Creo que he pateado unas cinco veces desde metro o metro y medio». Son palabras de Pablo Larrazábal (-9) una vez finalizada la tercera jornada del Shenzhen International y tras entregar la mejor tarjeta del día y de la semana en el Genzon Golf Club (65 golpes). El barcelonés, en efecto, ha efectuado un vuelo rasante sobre el recorrido chino, destrozando banderas a su paso, y se ha dejado la opción de victoria, saliendo mañana en el penúltimo partido, por delante de Kiradech Aphibarnrat (-12) y Peter Uihlein (-10), que irán cerrando.
El tailándés, precisamente, abría la puerta a muchos jugadores con un final muy negativo (doble bogey y bogey en los hoyos 17 y 18), cuando casi tenía medio torneo en la mano (en el tee del 17 tenía seis golpes de ventaja sobre sus inmediatos perseguidores). Antes, este jugador había organizado un festival de los suyos: nueve birdies, dos bogeys y tan solo dos pares por los primeros trece hoyos.
La actuación de Pablo no es casualidad. Ya venía jugando muy bien, sintiendo el propio jugador que podía sacarse de la bolsa rondas de este calibre. «No es por ser fanfarrón, pero me lo podía esperar porque he estado trabajando con mi hermano muy bien las últimas semanas». Y el resultado bien pudo haber sido aún más de escándalo, porque en un campo que se está mostrando como un hueso, Pablo se marchaba hoy con un parcial de uno arriba en los pares 5. «Es doloroso que te pase algo así porque en todos se puede llegar de dos, pero no me puedo quejar», señalaba.
Jorge Campillo (-4, hoy 69 golpes) viene algo retrasado, pero este domingo va a tener asimismo una bonita oportunidad de seguir apuntalando, reforzando, su estable situación en la Race, tratando de meterse por primera vez en su carrera en la Final de Dubai.



