Ángel Ayora (-10) ha firmado la mejor tarjeta del día (65 golpes, siete menos) en la tercera jornada del Alfred Dunhill Championship, un resultado que lo ha llevado de cabeza al penúltimo partido del domingo (sale junto a Darius Van Driel justo por delante del partido estelar) y le ha procurado una opción real de victoria en Leopard Creek, el mítico campo de Malelane donde el golf español ya atesora cuatro triunfos desde que este torneo se disputa en dicha sede.
El joven andaluz se las había arreglado el jueves y el viernes para sacar adelante registros por debajo del par del campo sin su mejor juego. No estaba muy cómodo desde el tee y, en líneas generales, el swing no terminaba de fluir de manera consistente. Hoy, sábado, su juego de tee a green ha mejorado lo suficiente como para darse muchas más oportunidades de birdie que ha remachado en un buen puñado de ocasiones con el putter en las manos. Porque, eso sí, en los greenes se ha mostrado muy eficiente y certero a lo largo y ancho de las tres rondas que se han disputado.
El primer gran momento en la ronda de hoy llegaba en el hoyo 3, donde sacaba adelante un birdie sencillamente inexistente. Se había marchado a la derecha desde el tee, a una zona donde a priori hoy estaba bloqueado, entre árboles. Sin embargo, encontraba un huequecito y pegaba un tirazo para dejarse una opción de unos cinco metros que luego iba a embocar.
Otro momento clave, aunque este negativo, fue el hoyo 5, par 3, de donde salía con un doble bogey sorprendente. Pegaba un hierro 9 suave desde el tee y la bola se iba al lago sin que ni Ángel ni Juan, su caddie, terminaran de explicarse por qué. Todavía se lo están preguntando, porque esa bola estaba bien pegada y las cuentas no salían por ningún lado. Misterios de la brisa, tan complicada de descifrar en ocasiones en este tipo de campos, donde hay remolinos traicioneros que no pueden detectarse. Lo peor, obviamente, era el paso atrás que suponía semejante tropiezo. Lo mejor, que el jugador realmente sentía que había pegado un golpe más que aceptable y no tenía nada que reprocharse.
Tercer gran momento clave. O llave, como se prefiera. En el hoyo 8 se iba de salida a un bunker que está en el flanco derecho y que tiene un árbol delante que bloquea el disparo a green desde la arena, así que el español sólo podía sacarla a calle y se quedaba a 136 metros de la bandera, pero pegaba un disparo antológico para dejar la bola a unos cuarenta centímetros del hoyo. Excelente salvada y a seguir.
Otro momento rutilante, especial, ha sido el del hoyo 12. Aquí llegaba ese gran bonus con el que no siempre se puede contar, puesto que Ayora embocaba un putt muy largo y delicado, desde unos doce metros y cuesta abajo.
Y nos vamos ahora al hoyo 15, donde iba a sacar un eagle que definitivamente disparaba sus opciones. Desde el centro de la calle tenía el viento en contra, ligeramente de la izquierda, y el joven de Manilva, criado para el golf en La Cañada, no tenía muy claro qué golpe quería dar. Se ponía a la bola, se quitaba… Finalmente optaba por agarrar la madera 9 y pegaba un tiro mayúsculo para dejar la bola a metro y medio del hoyo y embocar luego el putt.
En los hoyos 7 y 16, dos pares 3 temibles en Leopard Creek, se las arreglaba para salvar la situación con dos buenos putts en cada uno de los greenes, pero también hay que anotar alguna buena opción de birdie que se quedaba por el camino, como las de los hoyos 14 y 17.
La teoría, ahora, es muy sencilla: si Ayora mantiene mañana el putter caliente, así como las mejoras experimentadas hoy en el juego de tee a green, seguro que tendrá alguna oportunidad de ganar el torneo, aunque salga a cuatro golpes del líder Marcus Kinhult (-14). Pero de la teoría a la práctica hay un trecho intrincado que salvar. Sea como sea, más allá de las opciones de victoria, es muy destacable el hecho de verlo en los últimos partidos, yendo de menos a más en el torneo y superando incluso las mejores expectativas.



