Alex del Rey no ha empezado el año de la mejor manera. No fue una buena semana en el Dubai Invitational. Tampoco el madrileño es hombre de poner paños calientes. Acabó en el puesto 46º, lejos de donde pretende moverse en los torneos, aunque la buena noticia es que su actuación fue de menos a más. Acabó el fin de semana con un sólido parcial de cinco menos, un resultado con el que habría acabado en el top 10. El problema estuvo en los dos primeros días.
Las sensaciones de Alex no fueron del todo malas. «Jugué mejor de lo que dice el resultado, pero, algo extraño en mí, estuve muy mal con los wedges y no terminé de hacerme a la hierba alrededor de green para las recuperaciones. Me costó mucho. Pegaba tres bolas idénticas y cada una salía de una manera diferente. Era algo loco», explica.
El madrileño ha cerrado el capítulo del Dubai Creek y ha abierto ya el de Emirates Golf Club, un campo que le gusta, aunque frunce el ceño con algunas calles. «Para mí gusto hay demasiado dogleg que te deja calles muy estrechas. Hay algunas como las del hoyo 12, 13, 16 o 18 donde tienes muy poco espacio. Dicho esto, es un campo que me gusta y un gran torneo», matiza.
Su invierno ha sido algo raro. Desde que acabó el Alfred Dunhill Championship no ha vuelto a jugar una vuelta de golf hasta la primera del Dubai Invitational la pasada semana. Ha sido casi un mes. El asunto es que en Madrid no ha jugado una ronda, pero ha trabajado intensamente en la calle de prácticas. Ha pegado muchas bolas e, incluso, ha tenido una clase a distancia en el Centro Nacional con su entrenador Dave Philips. Y es que Alex está trabajando en unos pequeños cambios de swing con el objetivo de ganar en consistencia.
Del Rey lo explica a Ten Golf mientras buscamos su segunda bola pegada desde el tee en el hoyo 14, un pronunciado dogleg a la izquierda. Ha salido a jugar nueve hoyos, del 10 al 18, a partir de las cuatro de la tarde. No encontramos la bola. «Qué deporte», se arranca. La primera ha sido un mal swing y está perfecta en el centro de la calle a 80 metros de la bandera y la segunda la perdemos… En fin», comenta con una divertida resignación.
El cambio en cuestión en el que se ha metido es acortar bastante el backswing. Al menos esa es su sensación. «Yo antes descolgaba el palo en el movimiento y ahora lo estoy haciendo más corto que en toda mi vida. Se trata de evitar mi gran fallo a la derecha. Yo me noto bastante mejor», apunta. El otro cambio tiene que ver con la postura. Phillips le ha insistido en que busque un stance frente a la bola más atlético, más erguido. «A veces parezco un abuelete jugando al golf», apunta haciendo el gesto de estar con los hombros caídos sobre la bola. En definitiva, el objetivo es ser más corto que nunca en el backswing para seguir igual de largo (323,91 yardas de media este año).
La realidad es que ha pegado al drive muy bien en los nueve hoyos de práctica que ha jugado. Centro de la calle en el 10, calle en el 12, calle en el 13, calle en el 14 (aunque no fuera un buen swing) y ha terminado algo peor en los tiros del 16 y 18. Ya saben que el 17 no cuenta. Es el par 4 corto que se tira de uno a green, aunque es casi imposible llegar. Aún así, ha pegado dos buenos drives. Por cierto, en el hoyo 10 y en el 13, dos pares 5, tenía de segundo un hierro 6 y un hierro 7. En ambos casos ha pateado para eagle. No se nada mal el asunto. Quizá con los hierros sí ha estado algo más desajustado, haciendo más draw de la cuenta.
Por cierto, nunca te irás de un campo de golf sin descubrir un último artilugio que podría estallarte la cabeza. Alex está entrenando y ha jugado toda la ronda de prácticas con un putter que lleva incorporada en su cara dos topes de goma que hacen mucha más estrecha la superficie de contacto. Lo que se busca es más precisión y consistencia a la hora de pegar con el centro de la cara, ya que en cuanto se te va un poco le das con uno de esos topes y la bola sale hacia donde quiere… Cosas verdes, amigo Sancho…



