
Marcel Siem (-10) ha ganado el Open de Italia tras doblegar en el primer hoyo de desempate con un birdie a un inesperado oponente, Tom McKibbin (-10), que había firmado su tarjeta más de tres horas antes de que lo hiciera el partido estelar, en el que precisamente marchaba Siem. Ahora iremos con esa rocambolesca historia…
Pero detengámonos antes en el veterano jugador alemán, que acaba de sumar su sexta victoria en el circuito europeo y que, a punto de cumplir los 44 años, sigue siendo un soplo de aire fresco. Por su manera de entender la vida y el golf, por lo afortunado que se siente de ser golfista, por esa manera florida y radiante de vestir, absolutamente intransferible (cualquiera que trate de vestir sus prendas normalmente hará el payaso, pero a él le quedan bien), por cómo vive la competición, por cómo celebra en el campo, tan intenso, tan festivo…
Además de ser un perpetuo soplo de aire fresco Siem es también una insondable caja de sorpresas: cuando parece que se ha quedado atrás, puede que en realidad esté cogiendo impulso; cuando el triunfo parece suyo, todavía es posible que deje abierta la puerta de atrás. (Por no referirnos al hecho de que haya vuelto a ganar después de haberse sometido este mismo año a una intervención quirúrgica en una cadera que lo ha tenido tres meses parado).
Hoy, sin ir más lejos, en una jornada muy complicada, porque ha soplado ese viento racheado y traicionero más que ningún día sobre el Adriatic Golf Club Cervia, el teutón pasaba por el hoyo 9 con un parcial de tres menos, poderoso y en pleno control. Acto seguido, comenzaba el drama… Tanto él como su compañero de partido, Antoine Rozner (-8), comenzaban a encadenar errores y a firmar bogeys. Ambos parecían destinados a jugarse el torneo en el esprint final, pero según iban cayendo los borrones en sus respectivas tarjetas se iba agigantando la sombra de McKibbin, que había entregado el mejor resultado del día mucho tiempo antes (registro de 65 golpes) y aguardaba en la casa club, entre incrédulo y emocionado. Incluso pareció que el joven norirlandés no tendría siquiera que salir a jugar un desempate, pero Siem enchufaba un purito de siete metros en el 18 para hacer un birdie improbable y forzarlo. Lo dicho: cuando Siem parece que abandona, puede que en realidad sólo esté cogiendo impulso… Tan imprevisible como exuberante.
En fin, Siem entra de nuevo en el círculo de ganadores; Rozner, a pesar de patinar en los últimos nueve, vuelve asomarse por la zona caliente después de dos meses más bien irregulares; y McKibbin al menos se lleva una de las dos plazas para el Open que se repartían esta semana (la otra ha sido para el estadounidense Sean Crocker). Adri Arnaus (-8) no se ha quedado demasiado lejos de ninguno de estos objetivos con una tarjeta final de 69 golpes, de nuevo muy trabajada y hasta sufrida por momentos, aunque coincide con Rozner en el hecho positivo y noticiable de volver a asomarse por la zona alta de la tabla. El catalán se marcha de Italia con nuevos bríos después de ganar más de treinta puestos en la Race to Dubai y de demostrarse a sí mismo que, en efecto, es capaz de hacer buenos resultados, incluso sin su versión A.
Adrián Otaegui (-6), sin embargo, ha pagado caro un arranque de vuelta accidentado y un doble bogey en el hoyo 8, par 3, tras mandar la bola al agua justo cuando venía remontando con birdies en los hoyos 6 y 7. No era su día, es evidente, pero al menos mantiene intactas sus opciones de meterse en el Open a través de la Race to Dubai, aunque todavía va a tener que defenderlas la semana próxima en el BMW International. Ángel Ayora (-4), por su parte, le ha dado la vuelta a una ronda que traía mala pinta (arrancaba con tres bogeys consecutivos), mientras que Ángel Hidalgo (-4), fiel a su principio innegociable de no bajar nunca los brazos, remontaba más de veinte posiciones con una ronda de 68 golpes.


