Matteo Manassero (-18) es el líder indiscutible del BMW PGA Championship después de firmar hoy un 63 cósmico. Tres golpes lo separan ya de sus inmediatos perseguidores de cara a la ronda definitiva, aunque éstos no sean precisamente tipos de los que uno pueda fiarse: Rory McIlroy (-15) y Billy Horschel (-15).
Un 63 cósmico, decíamos. No es que este tipo de tarjetas no se hayan visto nunca en el West course de Wentworth, y además hoy los chaparrones dejaban unos greenes a punto de caramelo y se hacía un poco mas sencillo dejar la bola algo más cerca del hoyo. Pero un 63 es un 63. Sin ir más lejos: el mejor registro del italiano en este campo, y no olvidemos que él ganó este torneo en 2013 a la tierna edad de 20 años, era de 66 golpes.
Después de ganar en Wentworth hace once años, vendría lo que vendría. No hace falta repetirse. Todo el mundo conoce bien la historia reciente y no tan reciente del bravo jugador italiano. Recordemos tan solo que aquel triunfo de campanillas lo disparaba hasta el número 25 del mundo, su techo hasta la fecha, y que, sin embargo, casi a partir de aquel punto comenzaba a deslizarse hacia abajo en todos los rankings, primero de manera paulatina, después de modo más abrupto y cruel. Por mil páramos gélidos y tenebrosos anduvo el juego de Manassero durante muchos años, en busca de una puerta de entrada. Vinieron luego los largos y durísimos años de la rehabilitación, paso a paso, de circuito en circuito, peleando en todas las categorías y divisiones. Cualquiera lo diría viéndolo jugar hoy en Wentworth con semejante determinación y las ideas tan claras…
Manassero lleva ya tiempo más que rehabilitado para el golf de alta competición. Hace unos meses volvía a ganar en el circuito europeo (Jonsson Workwear Open, en Sudáfrica) y se encuentra ya a las puertas de un top 100 mundial que perdiera en octubre de 2014 (ahora mismo es el Número 101 en el ranking mundial y muy mal le tendría que ir mañana para no meterse entre los cien mejores). De todas maneras, lo suyo, por paradójico que pueda parecer, es una ‘rehabilitación’ que no cesa. Si algo aprendió en el duro proceso fue que nunca puede uno dormirse en los laureles, que el golf es en sí mismo un permanente proceso de rehabilitación. Así que ya no le ‘queda más remedio’ que ir hasta donde verdaderamente pueda llegar, a ser posible mucho más alto que en aquellos tiempos dulces, hace ya más de una década.
Todo es mucho más sencillo cuando el putter funciona como hoy ha funcionado el del italiano. O el de Billy Horschel. Qué barbaridad. Por momentos aquello parecía un duelo a muerte por el trono mundial en los greenes. Poco importa ahora quien lo haya ganado… El estadounidense encadenaba hasta siete birdies seguidos con puros de cualquier tamaño y condición; el italiano salvaba hasta dos pares con putts de más de tres metros, además de enchufar también un sinfín de putt medios y largos de eagle y birdie. Un verdadero disparate. Junto a ellos, en el mismo partido, McIlroy no sabía si sonreír o llorar, aunque finalmente optara por lo primero. Ahí está, en cualquier caso, el norirlandés, dispuesto otro domingo más a honrar este deporte y los talentos que recibió para practicarlo.
Matteo, Rory y Billy son los tres grandes candidatos. Quizá puedan añadirse también los nombres de Matthew Baldwin (-14), el líder al inicio del día, Thriston Lawrence (-13) y Antoine Rozner (-13). No habrá por tanto españoles mañana en la pelea por la victoria. Ángel Hidalgo (-6) amagaba con meterse en la zona caliente de la tabla, con un parcial eléctrico de cinco menos por sus primeros nueve hoyos, los segundos del campo. Pero la ronda se le quedaba luego demasiado fría.



