
El 19 de julio de 2024 Mike Lorenzo Vera petó. Su cabeza dijo basta. Acababa de fallar el corte en el Barracuda Championship. El séptimo en diez torneos. Tomó la decisión de aparcar el golf. Su mente no daba para más. Lo estaba pasando muy mal. Había noches que se despertaba gritando y sudando sin entender nada. La competición había dejado de ser importante. El golf era un engorro. Cada vuelta se convertía en un suplicio. Habló con el DP World Tour y pidió una exención médica por salud mental. Rápidamente se le concedió y guardó los palos en un garaje durante cuatro meses. Tocaba curarse.
Se puso en manos de especialistas. Recibió tratamiento, mucho tratamiento, descansó y limpió la cabeza. Cuatro meses después del Barracuda volvió al campo de golf. Iba a salto de mata. No entrenaba ni hacía nada duro. Ahora nueve hoyos, mañana 18, pasado en buggy… Era jugar por jugar, recuperar las sensaciones, la energía. En definitiva, las ganas. Pura diversión.
Hoy ha jugado su primera ronda de competición seis meses después de petar y ha hecho 67 golpes en el Emirates Golf Club. Se ha metido arriba en la clasificación. Lo más importante, no obstante, es que se lo ha pasado bien. Realmente ha disfrutado y no crean que su golf ha sido un tiralíneas. Del 10 al 18, sus primeros nueve, ha tenido que salvar algunos pares más que curiosos, como en el 14, 15 y 16. En el 17 ha metido un putt muy largo de birdie y a partir de ahí sí ha logrado sacar su mejor golf, incluido un eagle en el 18. Lo que es el golf. Del 10 al 18 ha hecho cuatro menos y del 1 al 9, jugando un golf más sólido, ‘sólo’ ha firmado una menos.
Lorenzo Vera tiene nueve torneos por delante de exención médica para salvar la tarjeta. Debe sumar 205,72 puntos para alcanzar la cifra que logró Ross Fisher, el último que mantuvo los derechos en 2024. Si consigue acabar esta semana mejor que octavo en solitario, este asunto estaría ya finiquitado. Su plan es jugar los cuatro torneos del desierto (Dubai, Ras al Khaimah, Baréin y Qatar) y añadir los otros cinco a partir de que el circuito regrese a Europa. Es una vuelta a la competición muy pensada, muy cuidada y adaptada a mantener la cabeza lo más despejada posible.
La vuelta de hoy en el Emirates Golf Club era muy importante en su evolución. En realidad, toda esta gira por el desierto era un punto de inflexión en su carrera y en su vida. Por este motivo, el golfista francés ha querido rodearse estos días de su núcleo más duro. Esta semana está compartiendo apartamento con su hermano Franck, que es también su entrenador, su preparador físico y su caddie, el español Íñigo Urquizu. En las tres próximas semanas hará lo mismo, aunque sin el hermano que regresa a Francia.
Urquizu es mucho más que un caddie para Mike. Son amigos desde que eran unos niños. Compitieron y entrenaron juntos en muchas ocasiones. Del mismo modo, el mejor año de Lorenzo Vera en el DP World Tour fue con Íñigo a los mandos de la bolsa. Hay que remontarse a 2019, cuando Mike rozó el top 50 mundial y estuvo a punto de ganar el DP World Tour Championship. Después de aquello, extrañamente apenas dos días después de la final de Dubai, el galo decidió cambiar de caddie. Sin duda, aquella temporada, justo antes de la pandemia, fue cuando más disfrutó del golf y hoy lo ha vuelto a hacer en grande. Ambos han salido del campo con una sonrisa de oreja a oreja. Seis meses después de petar.


