
Comienza mañana el Alstom Open de Francia, en Le Golf National, escenario de la Ryder 2018 situado a unos treinta kilómetros al suroeste de París. Y en la previa de este magno torneo (por tradición y por su bolsa de premios) a uno le da por pensar que nada es imposible en París para la Armada. Suena a tópico insistir en la idea (lo hacemos año tras año) de que al deporte español se le da bien la capital francesa. Pero es imposible obviar semejante y magnífica realidad…
Nada es imposible. Y nos referimos, en primer lugar, a esa plaza para el British que aún se concede en este torneo. Para conquistarla hay que meterse entre los cinco primeros y, una vez ahí, ser el primero que no tiene aún hueco en el 'major' británico. Visto lo ocurrido hace unos días en Munich, merece la pena seguir soñando. De los doce españoles presentes, ocho de ellos aún no tienen hueco reservado en Royal St George's. A saber: José Manuel Lara, Rafa Cabrera Bello, Álvaro Velasco, Nacho Garrido, Pablo Martín, Carlos del Moral, Manuel Quirós y Carlos Rodiles. (Además están Jiménez, Alejandro Cañizares, Álvaro Quirós y Pablo Larrazábal).
Los antecedentes no pueden ser mejores. Larrazábal ganó aquí en 2008, y Jiménez en 2010, el año pasado, venciendo en un desempate a Francesco Molinari y Alejandro Cañizares. La secuencia matemática del pequeño de los Cañizares en este campo hace de él un favorito claro: en 2007 no pasó el corte; en 2008 fue 30º, en 2009 acabó 13º, y en 2010 ya fue 2º… Lástima que el golf nada tenga que ver con las matemáticas. Pero es una buena pista a seguir, porque además Cañi está encontrando poco a poco las mejores sensaciones.
El Open de Francia se le da bien a la Armada. En la Era European Tour suma nueve triunfos obtenidos por seis jugadores distintos (Seve, que ganó cuatro, Pepín Rivero, Miguel Ángel Martín, José María Olazábal, Larrazábal y Jiménez). Nada es imposible…
El Golf National es un campazo. Con todas las letras. Merece la pena seguir con lupa el torneo. Es de esos escenarios donde el espectáculo está asegurado. Donde la ecuación riesgo-premio pone muchas veces al jugador en situaciones verdaderamente emocionantes. Este año, además, parece que el rough penaliza aún más de lo habitual, debido a las últimas semanas de fuertes lluvias. La preparación en este sentido es sencilla: un primer corte de rough de 1,8 metros de ancho, otro segundo también de 1,8 metros de ancho… Y a partir de ahí sálvese quien pueda: no hay un corte definido y presenta un aspecto temible. Hay que ir por la calle.
Especial atención también merece la lucha de Carlos Rodiles por volver a lo más alto. El malagueño se metió en el torneo a través de la previa y espera, al fin, demostrar su gran momento de forma en una cita de altos vuelos.


