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No queda más remedio que referirse al hoyo 13

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Aún a riesgo de resultar repetitivos, cansinos, o incluso aburridos, no queda más remedio que referirse a la actitud, a ese otro golf que Sergio García viene practicando casi con tanto éxito como el simple y llano deporte de los catorce palos y la bola…

La actitud. La paciencia. La correcta aceptación de los errores. Y no se mantiene una actitud positiva sólo con proponérselo, ni se es paciente en un campo de golf con un meneo de varita mágica, ni se aceptan del mejor modo los errores o la mala suerte con solo desearlo. Lleva su tiempo y su proceso. De ello ha hablado suficientemente el de Borriol en los últimos días.

El hoyo 13 que ha jugado hoy Sergio García es el paradigma. Doble bogey. Una salida larga pero al rough, con la mala suerte (relativa: esto es Valderrama…) de quedarse con un tiro a green de una complejidad extrema. Un segundo tiro muy arriesgado que sale mal y cae muerto de nuevo en el rough, cincuenta metros adelante. Un nuevo intento que queda corto porque el palo se le engancha en la hierba frondosa. Un aprochito de cuarto golpe que no termina de echar el freno donde debiera y se pasa la bandera dos metros. Y un putt fallado. Seis golpes, seis.

¿Y entre medias? ¿Entre golpe y golpe? Ni un mal gesto, más allá de una lógica y serenísima frustración. Había llegado el jugador español al cuatro abajo en el día tras un eagle tremendo en el hoyo 11 (embocando desde fuera) y en un abrir y cerrar de ojos perdía casi toda su ventaja, porque el ‘doblata’ seguía a un bogey en el 12… Pero la templanza mostrada muy probablemente le valió al final para doblegar al campo.

¿Significa todo ello que Sergio García nunca jamás volverá a perder al temple? Como es evidente, no, porque el golf sacaría antes o después de sus casillas al mismo Job. Pero mientras ocurra, como hoy, el campeón castellonense multiplicará sus opciones de triunfo. O al menos sus opciones de pelearlo hasta los últimos nueve hoyos del domingo.

Sus palabras al final de la vuelta confirmaban ese estado de equilibrio, porque en su discurso acertaba a repartir y ordenar los caprichos del azar: “hemos tenido suerte en el hoyo 11 embocando desde fuera y también mala suerte en los drives de los hoyos  13 y 17, que no eran malos tiros y han acabado en situaciones difíciles. Pero estamos jugando en Valderrama y a veces no basta con un buen tiro, hay que darlo perfecto para estar en el sitio correcto”.