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Olazábal acabó comiendo gominolas…

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Graeme McDowell (-7) es el nuevo líder del Andalucía Masters. Este pequeño y abigarrado norirlandés, devastador con un hierro en la mano, viene semana a semana, día a día, mostrando un nivel propio de top-ten mundial, club al que accedería precisamente ganando en Valderrama…

Graeme imparte a día de hoy la lección que separa a los grandes de los más grandes: entre tanta igualdad, la diferencia se marca desde ese círculo imaginario de entre veinte o treinta metros a bandera, sea aprochando, chipeando o pateando. Es ahí donde ha dado el gran salto en los últimos meses. Igual que Kaymer, aunque al alemán no le vaya tan bien en Valderrama (marcha cuatro arriba).

José María Olazábal (+3 tras entregar un sólido 72) ha impartido también infinidad de lecciones desde esta distancia, y desde otras, a lo largo de su carrera.

“Vengo comiendo ositos de gominola, algo dulce después de un día duro”. Eran sus primeras palabras después de acabar la vuelta y de regatear al corte con soltura y suficiencia en un campo duro donde, si o sí, hay que ganarse el fin de semana golpe a golpe. El azar te salva de una, pero si no estás fino, pagas.

Hay dos detalles, además, que conviene resaltar. El primero: la sensación que desprende el vasco en el campo de golf: está bien sufrir y sacar las castañas del fuego a base de oficio y talento, pero también es necesario darse aire de vez en cuando y disfrutar. Y Chema está disfrutando de nuevo. El segundo tiene que ver con algo que ha dicho el doble ganador del Masters: “a ver si de una vez por todas enderezo un poco el drive, porque lo demás comienza a estar bastante bien”.

Anotemos un tercer detalle más: Olázabal viene jugando al golf  ininterrumpidamente durante los últimos doce días, entre el torneo de Castellón, este Andalucía Masters, sus respectivos Pro-Am, las rondas de práctica y dos Pro-Am más que disputó los lunes de ambas semanas en Murcia y Málaga. Este domingo sumará catorce días de juego seguidos, una racha que probablemente no encadenaba en años. “Estoy mejor, todavía se me hinchan algo las manos y pierdo un poco la sensibilidad, pero estoy mucho mejor”.

Su último birdie en el par 5 del hoyo 17, con un tercer golpe antológico que dejaba la bola a dos palmos de la cazuela desde unos noventa metros, resultó un postrero regalo a la vista con el que irse contento a casa.

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