
José María Olazábal comenzó su segunda vuelta en Dubai con una pesadilla. Tee del hoyo 10, par 5, en teoría un buen lugar para empezar, el hoyo más fácil del Emirates con una media de 4.56.
Sin embargo, su primer golpe del día es un push con el driver que no se sabe muy bien dónde acaba… Pide otra bola…
Su segundo golpe, primera provisional, es un gancho aún más pronunicado… Perdida, seguro. Otra bola. Lo mismo. Otra bola, idéntico lugar. Y una bola más, la quinta. Esta sí parece que se puede jugar. Si no encuentra ninguna, tendrá que pegar su décimo golpe. Terrible. Tiene cinco minutos para encontrar alguna bola o la vuelta quedará destrozada en el primer tee.
No se sabe muy cómo, pero la primera aparece. La diosa fortuna ha echado un cable. Nadie daba un duro por ella, pero debió rebotar en algún árbol y apareció jugable. Olazábal despierta de la pesadilla y saca el par. Sin embargo, como los terremotos, tuvo un secuela en el siguiente hoyo, otro mal swing y, esta vez sí, doble bogey. Doloroso. Hace dos bogeys más en el 14 y en el 15… Y justo ahí, cuando la vuelta languidece, aparece la otra versión de Chema, la de la garra y la profesionalidad. Empieza a pegar mejor a la bola y termina los últimos once hoyos del Emirates con un parcial de cinco bajo par. Siempre deja alguna lección.
– Álvaro Quirós (-3) marchaba hoy quemado por los segundos nueve hoyos del Emirates. El putt, que tan de cabeza le ha traído durante toda la Gira del Desierto, ha terminado hoy por desquiciarlo. El caso es que el de Guadiaro, en una jornada ventosa, no venía mal, dos menos en el día después de doce hoyos, pero en el green del 13, de donde salía con bogey después de tripatear, se acabó su paciencia.
A partir de ese momento, además, la ansiedad pareció trasladarse a casi todas las parcelas del juego y el español terminaba entregando una tarjeta de par que quizá le haya alejado excesivamente dell liderato.
– Tremendo lo de Thomas Levet. El francés está sufriendo un auténtico calvario. No sólo no ha pasado un corte en toda la Gira del Desierto, sino que además ha ido a un ochenta por semana y no ha conseguido bajar de 73 golpes. Hoy en el hoyo 8 perdía la calle por cuarenta metros a la derecha e iba a parar a mitad del desierto. Lanzaba luego un bola provisional que se marchaba por el otro lado, también a la arena… Esta nube negra que se ha colocado sobre el francés tiene una explicación física. Ha salido de una lesión de rodilla a principios de este año y aún no está fino. De hecho, su primer torneo tras la recuperación fue el Abu Dhabi Golf Championship.
– Jorge Campillo tiene una misión para el fin de semana, más allá por supuesto de quedar lo mejor posible en el torneo. Quiere saldar su cuenta pendiente con el hoyo 18, un rincón de este Emirates que lo trae por la calle de la amargura. Hoy no se ha ido al agua, pero su drive de salida se ha quedado pegado a una palmera, ha tenido que jugar a zurdas y la bola se ha vuelto a quedar en el rough avanzando muy pocos metros. El tercer golpe lo ha sacado a calle, de cuatro ha cazado el green y ha salvado el par con un putt de siete metros. No le puede dar más dolor de cabeza este hoyo, aunque eso sí, en ambos días ha sacado el par.
– Brooks Koepka saldrá mañana en el partido estelar del Dubai Desert Classic junto a Rory McIlroy. El joven norteamericano, que arrasó el año pasado en el Challenge, tiene en sus manos salvar el orgullo americano, herido tras el rapapolvo deportivo que le ha propinado el norirlandés a Tiger durante los dos primeros días aquí en el Emirates. Fíjense bien en Koepka, un fabuloso pegador que esta semana anda algo más que fino con el putt (26,5 de media los dos días). Es más, será un duelo de bombarderos. Ambos viajan por encima de las 300 yardas con suma naturalidad. McIlroy es, de momento, el pegador más largo del torneo y Koepka, el séptimo.
– Zane Scotland ha tenido un gesto que le honra como deportista. El inglés se ha autoimpuesto una penalidad en el 18 y ha sido descalificado. Se equivocó al firmar la tarjeta. Se puso un ocho en el hoyo 18 cuando en realidad había firmado un nueve. Se dio cuenta cuando ya había entregado la tarjeta y avisó a los árbitros. Lo más llamativo del gesto es que Scotland no había pasado el corte, ni con ocho, ni por supuesto con nueve, vamos que ni haciendo birdie en el último hoyo lo habría conseguido, sin embargo, su acción demuestra que los valores deportivos están por encima del resultado. Se podría haber ido a su casa muy tranquilo, nada se iba a alterar con su descalificación, pero Scotland decidió actuar como mandaba su conciencia.
– Richard Sterne acababa con tres bogeys en los tres últimos hoyos, el último en el 18; tres hoyos, además, que en teoría son asequibles. Venía de hacer birdie en el 15 para ponerse con -8, es decir, seguramente, en su cabeza, el sudafricano estaba pensando en acabar -9 ó -10, mirando directamente al partido estelar. Sin embargo, cayeron tres bogeys, y del hoyo final tras fallar un putt de medio metro. Lo más llamativo era la cara de Sterne después del tercer bogey. Inmutable. Ni un mal gesto. Autocontrol bestial. Recordó, de hecho, a otro jugador de su misma estirpe, Louis Oosthuizen. Firmó la tarjeta y se fue al putting green, pero así, como si nada, imposible saber cómo le había ido sólo con su rostro.


