
Álvaro Quirós se marchó ayer al gimnasio inmediatamente después de caer ante Sergio García…
Sin dar bolas, sin pasar por el putting green y sin comer. “Aburrido de mí mismo”, según explica. “Si no soy competitivo en los greenes, ¿qué hago yo aquí?”, se preguntaba.
Se lo llevaban los demonios, así que en el gimnasio derrochó adrenalina. Y luego, con los niveles hormonales estabilizados volvió a donde debía: a buscar una maldita solución para su putt. Ya en su casa, estuvo pateando sobre mármol en el mismísimo salón. ¿No quieres greenes rápidos? Ahí los tienes…
Con la ayuda de un puntero láser fue enfocándose. Y allí mismo tomó la decisión de retomar su grip habitual, dejando en el banquillo el cilindrazo que lucía ayer y en el The Players. Fuera inventos.
Birdie, su perro, un labrador chocolate, hacía las veces de caddie. Recogía las bolas que rodaban por el salón y, con mayor o menor disciplina, se las llevaba al amo. Buen chico.
Entre bromas y veras la estrategia no pudo ir mejor. Porque Álvaro Quirós ha barrido hoy del campo a Tetsuji Hiratsuka por 5 y 4. Su putter se deslizaba tal y como él no sentía desde hace meses, las manos pasaban, las bolas salían por donde él ordenaba… Siete birdies en catorce hoyos. Demasiado para el nipón y casi para cualquiera en un campo que, no lo olvidemos, no regala nada.
En cuanto ha sentido que podía respirar en los greenes, el de Guadiaro ha confirmado (también a sí mismo) que su juego de tee a green tiene punta, hace daño. De hecho, él no guarda la misma opnión que Sergio respecto al la pobreza del partido de ayer. “Yo no estaba jugando tan mal, lo que pasa es que si no metes un putt no te luce nada”, explica.
Entonces, ¿Quirós ha encontrado la chispa definitiva que encienda su temporada? Él prefiere no echar las campanas al vuelo. “Si no mantienes las sensaciones durante cuatro o cinco vueltas, mejor no decir nada”, dice. Todavía le falta la fe, pero al menos ha recuperado la esperanza…


