
Álvaro Quirós ha rondado el asalto a las semifinales del Volvo Mundial Match Play en su duelo ante Martin Kaymer. Pero sólo lo ha rondado. Ha jugado un partido de altura, ha puesto todo lo que tenía en la bolsa, ha llevado el duelo hasta el final, ha enchufado casi todos los putts que tenía que enchufar (siempre se queda alguno por el camino…), ha dado la cara, ha demostrado que es carne de top-20 del mundo. Pero también le ha faltado un punto de instinto asesino…
Porque mantenía vivo el fuego hasta el final y, sin embargo, algo nos decía que necesitaba una vuelta de tuerca más, un rizo genial postrero, para hacer sudar la gota gorda de verdad a un ‘morlaco’ como el alemán. Nada tuvo que ver el partido con el de la mañana. Quirós y Kaymer no iban de parloteo por el campo, pero alguien que no los conociera de nada podría haber intuido que estos dos chicos se llevan muy bien…
Suele decirse que en el campo de juego ya no hay amigos. Pero sólo es una verdad relativa. “Martin es amigo mío y hay cosas que entre los amigos se dan, entre comillas, y a lo mejor con otros no te das… De todos modos, ya os digo que si él me hubiera apretado, le hago patear hasta el final en todos los hoyos (risas). Por la mañana con Noh era algo diferente”, explicaba el jugador español respecto a las diferencias que se han dado en el aspecto emocional y psicológico entre el partido de la mañana y el de la tarde.
El duelo ha resultado igualado y, si nos ceñimos al aspecto técnico del juego, la única diferencia entre ambos ha estado en esos drivers que el de Guadiaro no ha metido en calle. Anda preocupado Quirós con este tema: “el driver siempre ha sido el mejor palo de la bolsa y llevo un tiempo en que no es así. Ya no es sólo meterla en calle, sino que pego menos distancia en muchas ocasiones. Antes no cogía calle pero luego tenía un blaster en el rough y ahora a lo mejor tengo un hierro 8 y no puedo pararla del mismo modo…”.
Tampoco tenía mucha suerte con ese buggie del hoyo 8 en el que impactaba su bola… El driver del de Guadiaro no llevaba mal camino. Era el más largo del día. Un pepinazo que acortaba por encima de la lomita que dibuja y delimita el dog leg derecha de ese hoyo. Llevaba más o menos buena dirección e, incluso, iba a botar en un camino de cemento que podía acercar aún más esa bola al green… Pero ahí está la gracia y la ruina de este juego. En lugar de botar en el camino y salir disparada hacia el fairway (esa era la trayectoria del vuelo), pegaba en un flanco del techo del dichoso buggie de mantenimento y se iba hacia la derecha. Al monte.
“Ha sido una pena, se me acaba el torneo, pero he llegado a cuartos y aquí hay buenisimos jugadores y muchos puntos del ranking. Kaymer ha jugado muy bien y yo, dentro de lo malo, me quedo con lo bueno”.
En el 18, y llegando uno abajo, Álvaro necesitaba un drive estratosférico para intimidar y presionar a Kaymer. Tampoco le salió. Antes bien, se fue a bunker de calle (como en el 16). Desde allí aún pateó para birdie desde unos siete metros en este par 5, pero el partido estaba ya casi cerrado.
Sea como sea, Quirós siempre mueve ficha. Siempre (o casi) avanza hacia delante. Aprende como nadie. Mejora y mejora. Y va de cabeza hacia arriba en el ranking mundial. Antes o después. Pero de cabeza.


