
Álvaro Quirós (-14) ha firmado hoy una tarjeta de 70 golpes, dos menos en el día, y saldrá otra vez en el partido estelar siete días después de hacerlo en Hong Kong. Pero hay sobre todo una diferencia entre una y otra situación…
A saber: no hay que minusvalorar el torneo de la pasada semana, donde por ejemplo terminaba venciendo todo un Núnero 2 del mundo, Rory McIlroy. Pero nada tiene que ver con la competencia y el prestigio de esta cita en Dubai, Final de alto copete y reunión de auténticos monstruos del golf.
Álvaro se ha liado hoy en la salida del hoyo 1 (tuvo que dropar una bola injugable antes de pegar el segundo tiro), pero terminaba firmando un gran bogey. Desde ahí, y con algún pequeño altibajo o accidente, ha recuperado la línea de días atrás: seguridad de tee a green, aliñada con tirazos prodigiosos. Por ejemplo ese hierro 4 en el hoyo 7 (par 5) a 219 metros de la bandera, que dejaba la bola a escasos cuatro metros de la cazoleta para terminar haciendo el eagle.
El resultado definitivo del torneo, mañana a eso de las 13,30 horas (horario peninsular), se llevará todo por delante. Pero antes de que eso ocurra, y por si se diera el caso de que este jugador español no sumara su sexta victoria en el circuito europeo, nos sentimos en la obligación de resaltar lo que ha hecho esta semana y hasta este mismo momento. Álvaro está enseñando la matrícula a los cuatro mejores del mundo, sin ir más lejos. ¿Que en el Earth Course del Jumeirah Estates los pegadores parten con ventaja? Pues sí. El propio Quirós lo ha venido explicando en esta misma página desde el pasado martes. Pero quien piense que esto es una cuestión sólo de metros y yardas, no puede andar más equivocado. Claro que es importante, pero la potencia y la capacidad de pegada no aseguran en ningún caso la precisión, la eficacia, la puntería y, sobre todo, tampoco aseguran la correcta elección de la estrategia ni el equilibrio emocional… Por último, señores, hay que patear bien, porque si no, despídete. Que se lo pregunten hoy a Pablo Larrazábal o a Rafa Cabrera.
El driver de Quirós tampoco es un arma de repetición infalible. Él es el más largo, pero no siempre la pone a 300 metros y en el centro de la calle. Y recordemos además que Rory McIlroy, sin ir más lejos, no es tampoco un don nadie enchufando vatios de potencia a la bola desde el tee. Ni Hanson. Ni Karlsson. Ni Kaymer. Ni Sergio. Ni Colsaerts (especialmente éste…). Ni Ross Fisher. Ni Casey. Ni Schwartzel. Ni Els. Ni Westwood… ¿Seguimos? Pero el que está arriba después de 54 hoyos en la Final de Dubai es un mocetón de Guadiaro. Luego, que Dios y el viejo Tom Morris repartan suerte…
Una vez que nos hemos puesto en lo peor, el hipotético pero perfectamente razonable caso de que no remate el triunfo con esos ‘bichos’ detrás pegando dentelladas, pongámonos ahora en lo mejor…
Porque si Álvaro Quirós gana, sin duda habrá conseguido un triunfo de campanillas, el más importante de su carrera, cuando todavía le quedan unas cuantas semanitas para cumplir los 29 años.
Porque si gana habrá encadenado el quinto año consecutivo de mejora absoluta en la lista de ganancias y en su posición en la Race to Dubai, de donde no baja del 25º puesto desde 2008. Y también en el ranking mundial, ya que podría meterse incluso entre los veinte primeros del mundo, situación nueva para él a final de año.
Siempre paso a paso. Forjando, modelando, limando, puliendo, madurando… Todo en gerundio: no para, siempre en movimiento. Quiroseando.
Gonzalo Fernández Castaño (-3) ha luchado como un animal toda la semana para meterse asimismo entre los cincuenta mejores del mundo a final de temporada. Hoy salía de la caseta de entrega de tarjetas con el rostro completamente demudado después de sufrir un dolorosísimo par de banderillas en los hoyos 17 y 18. Dos bogeys asesinos. Pero al madrileño le queda una última bala, la de la jornada dominical. Necesita un vueltón que dispare su posición, pero no se trata de perdir imposibles por el mero hecho de pedirlos. Este jugador puede hacerlo. Tiene ahora mismo golf sobrado en la bolsa. No ha conseguido cuadrar una ronda brillante esta semana. Quizá mañana sea el día.


