
Superada la segunda parada de la Gira del Desierto, la temporada 2013 está lanzada…
Y el golf masculino español de élite se mantiene en un óptimo estado de revista, a pesar de las desgracias que ha tenido que afrontar por las lesiones de dos de sus pilares, Miguel Ángel Jiménez y Álvaro Quirós. Algunos apuntes sueltos mientras damos el salto a Dubai, donde Tengolf también dará buena cuenta de todo lo que ocurra desde la mismísima hierba del Emirates Golf Club:
– De Sergio García está todo dicho. O casi todo. Horas después de haber finalizado el torneo, con el segundo puesto en el bolsillo y una ligerísima decepción por no haber ganado (cuando no se puede, no se puede), el jugador español lo tenía cada vez más claro: se sentía orgulloso y satisfecho por lo espléndidamente bien que había jugado los últimos diez hoyos en las condiciones más ventosas de toda la semana, después de un inicio más errático y desangelado.
Sergio, en efecto, sumó 31 golpes por los segundos nueve, y no hace falta decir que fue el mejor en este tramo.
– Gonzalo Fernández Castaño se ha vuelto para casa tras el Qatar Masters. No estará en Dubai y no se trata de una decisión improvisada, sino todo lo contrario, ya estaba así previsto. El madrileño improvisa más bien poquito. Ese es uno de los secretos de su consolidación en el olimpo del golf mundial. Ideas claras y planificación. Hace algún tiempo que entendió que jugar más de tres semanas seguidas no solía reportarle demasiado beneficio. Y además tiene ya una familia numerosa a la que atender y echar de menos. En ese equilibrio vital (cada cosa a su tiempo) reside también buena parte de su éxito.
– Pablo Larrazábal sigue poniendo en orden las piezas del nuevo rompecabezas. Físicamente tiene una presencia bien distinta y, aunque aún tiene que asumir y hacer todavía más suyo el nuevo swing, también ha pegado ya sus latigazos, como aquel cuatro menos de Abu Dhabi. En Dubai, sin embargo, siempre le ha ido muy mal. Es un campo que no le va nada, donde priman las salidas al draw y, en definitiva, donde no suele encontrarse. Ha jugado allí cuatro veces y perdió tres cortes. Sólo una vez ha bajado de setenta golpes en diez rondas en el Emirates, y fue la jornada de domingo de 2012, única vez que se ganó el derecho a jugar el fin de semana.
– Rafa Cabrera es el defensor del título esta semana. Y no tiene ningún problema el canario en asumir el protagonismo. De hecho, él sigue convencido de que está llamado a compartir muchos grandes partidos con los mejores jugadores del mundo. Su evolución así lo confirma. Al igual que Fernández Castaño, aunque cada uno en su estilo y con sus particularidades, ha adquirido una estabilidad profesional a prueba de bombas. Este año, sin ir más lejos, suma ya más de ochenta mil euros en ganancias sin haber luchado aún por el triunfo. Quizá le toque en Dubai…
– Alejandro Cañizares está mucho más cerca de lo que parece y de lo que que dicen sus resultados, de asomar a ese top-100 del mundo. A su favor: la voluntad, su capacidad de trabajo y la clase. Sólo necesita repetirse más veces al día: “os voy a machacar a todos” (es un modo de hablar, por supuesto, pero queda claro el concepto…).
– Lo mejor que puede decirse de Jorge Campillo es que ya es uno más en el circuito europeo. A nadie le asombra ya que un día cualquiera de torneo él sea de lo mejorcito que se vea en el campo. En Qatar se perdió en medio de un par de descuidos. El extremeño seguirá después dos semanas más por Sudáfrica y es que, como nos confesaba estos días, hay que apretar mucho y con decisión en los primeros meses y luego luchar con más serenidad por otros objetivos mas altos. Nacho Garrido también jugará cinco semanas seguidas, desplazándose a Sudáfrica después de Dubai. Garrido ha encontrado el camino, pero todavía le cuesta hacer tarjetas bajas.
– De José María Olazábal lo mejor que se puede decir es que su moral no se ha resquebrajado con los malos resultados y las fatigas que ha pasado en el campo. Antes bien, está trabajando el apartado físico con ilusión y entusiasmo, junto a su nuevo preparador, Emilio Pereira, y su compañeros de grupo de trabajo, Rafael Cabrera Bello y Pablo Larrazábal. Chema sabe mejor que nadie que la diferencia entre el caos absoluto y una vuelta notable puede estar en un par de detalles. Y no desespera.


