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El niño que soñaba con un televisor y que se fabricaba sus propios palos ya forma parte de la historia de Uganda

Rumugayo: la historia del golfista que empezó con un palo de yuca y un par de aguacates

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Ronald Rumugayo
Ronald Rumugayo I Getty Images

Ronald Rumugayo, ¿les suena? Lo más probable es que hasta hace un par de semanas ninguno hubiese escuchado ese nombre. Si somos sinceros, a mí tampoco. Pues bien, es el nombre del primer ugandés de la historia en superar el corte en un torneo del DP World Tour. Lo hizo hace exactamente diez días en el Magical Kenya Open. Toda una hazaña en un país que cuenta con 45 profesionales, solo cuatro campos de 18 hoyos y en el que apenas hay inversión en el mundo del golf.

La historia de Rumugayo es un rayo de luz y esperanza en estos momentos convulsos que vive el golf y sirve de inspiración y orgullo sobre la grandeza de este deporte. En Ten Golf hemos tenido la oportunidad de poder hablar en exclusiva con el ugandés de 31 años que quiere ser el faro que guíe al golf de su país un paso más adelante. Una sonrisa de oreja a oreja en los noventa minutos de charla. Sabe que ha hecho historia, pero en algo que va más allá de sus propios sueños, hay todo un país detrás.

«Esto es solo el comienzo, ojalá todo esto sirva de inspiración para mis compañeros y para los niños de mi país», dice Ronald nada más descolgar el teléfono, «sé que lo de la semana pasada puede pasar de nuevo. He tirado un muro y no tengo intención de pararme. Veremos a dónde puedo llegar».

Vayamos un paso atrás. Para entender y valorar la gesta realizada por Rumugayo es importante saber de dónde viene y el origen de su pasión por el golf. Un luchador, un visionario. Donde nadie jamás pudo imaginar una hazaña similar, él se lanzó con la convicción de que era posible. Cabezota en el mejor de los sentidos. ¿Un Seve a escala ugandesa? Lean y saquen sus conclusiones.

Ronald nació el día de los Santos Inocentes de 1992 en Foot Portal, una ciudad al oeste de Uganda y que cuenta con poco más de 60.000 habitantes de los 48 millones que viven en el país. Rumugayo es el pequeño de ¡once hermanos! «del mismo padre y la misma madre», puntualiza divertido el ugandés. Un gran apasionado del fútbol y un verdadero hooligan del Manchester United. Como cualquier niño de ocho años, el menor de los Rumugayo quería ser futbolista. Ese era su sueño y jugaba en el equipo de su zona, el Vulcano Football Club.

Sin embargo, una televisión lo cambió todo. Cuando Ronald tenía diez años, su hermano mayor que tenía entonces 34 llegó a casa de su madre, su padre había fallecido el año anterior, con un televisor debajo del brazo. Lo había ganado en un torneo en el club de golf que habitualmente trabajaba como caddie: «Yo tenía diez años y hasta ese momento apenas sabía nada de golf, pero ver entrar a mi hermano con una tele para casa fue para mí como un sueño y desde ese momento decidí que el golf sería a lo que me dedicaría el resto de mi vida. Suena curioso, pero creo que no exagero». Cosas de niños.

Atención a lo que viene ahora. Los orígenes familiares de Ronald son muy humildes, vivían en una granja que se dedicaba al cuidado de vacas, venta de leche y la explotación de algunas plantaciones. El niño de 10 años necesitaba un palo de golf y bolas, pero no se lo podían permitir, así que tiró de imaginación. Fabricó sus propios palos de golf utilizando troncos y raíces de yuca y uso los aguacates que plantaban en la granja a modo de pelotas: «Así estuve varios meses, cada vez que jugaba me tenia que fabricar bastantes «palos» de yuca porque cada pocos swings se me rompían, pero la verdad es que disfrutaba mucho». Imaginen la escena del niño ugandés construyendo los palos y golpeando los aguacates. Genial.

«Seis meses después le pedí a mi hermano que me llevara al club donde él iba de vez en cuando. Con once años empecé a trabajar de caddie. Entonces, un jugador se iba a deshacer de un palo y me lo regaló, ese fue mi primer palo. Un año más tarde jugué mi primer torneo, una competición de caddies en el que yo era el más joven y gané. Un mes más tarde jugué el mismo torneo que había ganado mi hermano dos años antes y también lo gané, pero era junior y no tuve derecho a premio». Le faltó la televisión, pero la convicción crecía y crecía.

Llegó 2005 y para poder continuar con sus estudios Ronald se tuvo que trasladar a un internado de la zona. El golf pasó a segundo plano porque le era materialmente imposible jugar. De los trece hasta los diecisiete el golf estuvo aparcado, pero el sueño seguía muy vivo. Tanto es así que en 2009 y tras acabar el colegio con 17 años, Ronald le dijo a su madre que quería intentar dedicarse a eso del golf. A los tres meses de salir del internado era el torneo de clasificación para el equipo nacional ugandés: «Entrené todos los días, mañana, tarde y noche para meterme en el equipo y lo conseguí. Sin embargo, Escocia era el destino para nuestro primer torneo internacional y no pude viajar. No me lo podía permitir. Unos meses después sí que jugué en Botswana, fue mi primera experiencia internacional, pero la verdad es que no se me dio nada bien».

Hoy en día Ronald es el jugador con más presencias y victorias con el equipo nacional ugandés. No ha sido un camino de rosas, ni es el caso del jugador de talento innato que va destrozando todos los récords en categorías inferiores y despunta muy joven a pesar de todos los obstáculos. De hecho, no es hasta 2017 con 24 años cuando Ronald consigue ganar el Uganda Open Amateur Chanpionship. Lo hizo en un duro playoff contra su gran rival, Otille Ronald, que buscaba su tercera victoria. Después de eso Rumugayo se mudó a Kampala, la capital, y se hizo profesional a las pocas semanas, pero hasta 2019 no pudo debutar en su primer torneo internacional del DP World Tour. Estuvo tres temporadas jugando torneos locales y una vez al año conseguía jugar el Kenya Open del Circuito Europeo.

El año pasado todo cambió, sobre todo la mentalidad. Ronald ya llevaba varios años jugando el torneo, aunque siempre estuvo lejos de ofrecer su mejor versión. La falta de torneos profesionales empezaban a lastrar su camino, aunque eso no le impidió el año pasado en convertirse en el primer ugandés en lograr un hoyo en uno en el Circuito: «En la última edición jugué muy bien pero no fui a competir, cuando volví a casa me di cuenta que tenia que esperar un año hasta tener otra oportunidad. Cambié mi mentalidad, era vital jugar con los mejores así que me fui a jugar a Sudáfrica para poder competir semanalmente con ellos en el Sunshine Tour. Necesitaba ritmo de competición y enfrentarme periódicamente a todo lo que conllevan los torneos y el aprender de otros grandes jugadores». Parece que la receta ha funcionado.

Y llegó el Magical Kenya Open de 2024, en el que Rumugayo aparecía en listas como el jugador 2901 del ranking mundial: «Yo venía con intención de ganar el torneo, creo que cualquier jugador que salta al campo debe tener la mentalidad de ir a por el torneo, después ya se verá, pero hay que entrar con la convicción de que puedes ganar. Así lo hice yo y esto es algo que ha cambiado respecto a los años anteriores en los que quizás venía más a aprender. Este año venía a por todo, sin limitaciones. Si luego veo que no puedo ganar pues intento dar lo mejor y sacar leccciones. Creo que si simplemente hubiese apuntado a superar el corte probablemente no lo hubiera logrado». Soñar en grande.

Un primer día sobre par no alentaba, transcurría la segunda jornada y Ronald necesitaba recuperar dos golpes para meterse por primera vez en un fin de semana del DP World Tour, reconoce que pasó muchos nervios en los hoyos finales:»He sido el mejor de mi país los últimos cuatro años. Todos me están mirando, si no lo hago yo, quien lo va a hacer. Tenia mucha presión, muchos nervios porque sabia que no jugaba simplemente para mí, lo hacía por Uganda, mi país». Sin embargo es ahí donde Rumugayo consiguió darle la vuelta a la tortilla: «La presión es normal. Una cosa que amo de la presión es que quiere decir que hay algo bueno por lo que estás luchando. En este caso era evidente que se podía lograr algo increíble y traté de usarlo a mi favor. Conseguí centrarme en mi rutina y jugué como sabia», resume Ronald.

Llegamos al green del hoyo 18 del viernes 23 de febrero en Muthaiga Golf Club. Las cuentas son claras, si Ronald emboca el putt de birdie jugará el fin de semana, si no el sueño ugandés deberá esperar al menos un año más: «En ese momento se me acercó mi caddie por la espalda y me dijo: -es solo un putt no tiene más, si entra bien y si no pues nada-, eso también me liberó de presión en el momento y la bola rodó perfecta hasta el hoyo. Pudo no haber salido, pero por fin cayó de nuestro lado». Uganda sonríe.

Se desata la euforia, lo ha logrado. Ronald es el primer ugandés de la historia en superar el corte en el DP World Tour. Al recordar ese momento una semana después todavía se emociona: «Estoy sin palabras, pero no es por mí te lo prometo, es por lo que significa para mi país, para los jugadores ugandeses. Todo el mundo está mirando a mi país y es un orgullo, es el momento de mostrar el talento que tenemos, es solo el comienzo». El colectivo muy por encima de lo individual: «Siempre he tenido el sueño de inspirar a mi generación y cambiar la imagen del golf que hay en mi país y hacer ver a los demás que se puede, que si yo lo he hecho ellos pueden. Esto es un rayo de esperanza para mi país. Este hito nos da mucha confianza», recalca el ugandés.

Ronald no tenía en sus planes volver a Uganda, ya que tras el torneo se iba directo a Sudáfrica, pero una gesta así merecía ser celebrada: «Me recibieron como un héroe, no tengo ninguna duda de que es la mejor semana de mi vida». En la videollamada constatamos esta nueva realidad de Ronald. Más de quince veces le interrumpieron distintas personas para felicitarle. Benditas alegres interrupciones.

Si le preguntas sobre el futuro Ronald lo tiene claro: «Uno de mis grandes objetivos siempre ha sido poder jugar con regularidad en el DP World Tour, pero soy consciente que es mi responsabilidad ponerme en esa situación y ganarme los derechos de juego. Si el circuito me da alguna invitación para poder intentarlo, sería espectacular y ojalá puedan darme alguna invitación y demostrar mi valía». No sería nada extraño que el Circuito Europeo esté ya manos a la obra trabajando en algunas invitaciones para el héroe nacional.

Ronald sabe que el traslado que tuvo que hacer el año pasado es lo mejor que le ha podido pasar: «Desde que me he mudado a Sudáfrica he mejorado muchísimo, pero debo mejorar mucho más todavía. En unos días vuelvo a Sudáfrica y lo hago con el sueño de poder jugar en algún momento en el PGA Tour, y caminar en el hoyo 18 de Augusta National con toda la gente gritando. Mi sueño personal es ese, pero de verdad que sueño con algo mucho mayor, quiero que mi país crezca e impactar en las generaciones que vienen y que dentro de unos años estén jugando con los mejores del mundo y puedan decir que fui una inspiración para ellos». El orgullo de país como bandera.

Si alguien es consciente del panorama del deporte en su país es el propio Rumugayo. Situación muy compleja en la que ser profesional es una tarea ardua y en la que faltan muchos recursos: «Es muy duro, no tenemos casi torneos, ni prize money suficientes, todos nos peleamos por una bolsa de premios de 3000USD. Puedes imaginar que no puedes vivir de eso. Yo estoy muy agradecido por todos los que me han apoyado porque la realidad es que para jugar torneos y por supuesto irme a Sudáfrica, he tenido que pedir dinero. No existen ayudas gubernamentales. Yo no he tenido ayuda. He empezado de cero. Nunca he tenido profesor. Tengo un mentor coach por primera vez desde hace tres meses. Estoy convencido de que tenemos el talento pero nos falta estructura, para que os hagáis una idea, mi club tiene más de 100 años y no tenemos ni una sola Academia en todo el pais». Ojalá pasos como el que dio Ronald hace escasos diez días sirvan para que el golf siga creciendo en el país.

Nada ni nadie va a poder parar al niño ugandés que soñaba con un televisor y que llegó a inspirar a toda una nación. No se olviden de su nombre, él es Ronald Rumugayo.