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Sergio, más allá del vaivén de las emociones

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La hoja de ruta de Sergio García en el Castelló Masters aparece impoluta tras entregar hoy un 63, ocho abajo en el día. Y eso que ha tirado una bola al agua en la salida del primer par 5 del campo, el hoyo 4…

“He pegado un drive malo a la derecha. Ha sido una pena, pero bueno, en los otros dos pares 5 he hecho eagle y birdie, así que… Lo mejor de hoy ha sido el putt, pero también he cogido muchas calles y muchos greenes. He mantenido la calma en toda la vuelta”, explicaba. Y así ha sido. Ha vuelto a meter esos putts de cuatro y seis metros que disparan una vuelta ordenada. Y con los hierros ha dado espectáculo del bueno. Se le ve inspirado, por ejemplo, en esos approachs por debajo de los cien metros, aquellos donde muchas veces manda la intuición.

La calma… Llega el fin de semana y sería una locura apostar a favor de un paseo militar del de Borriol ante su gente y en su campo. Queda demasiado. Nadie gana fácil. Pero es indudable que a este García no lo van a despegar de ahí arriba ni con agua caliente. Es una cuestión de actitud.

Y con Sergio las reglas de tres salen fáciles: si está metido, si su cabeza funciona, es uno de los cinco mejores jugadores del mundo, dicho así por ceñirnos a una cifra que bien pudiera ser otra de rango todavía superior.

Así es este jugador. Siempre habrá quien le exija la prodigiosa capacidad mental y de concentración del mejor Tiger Woods. Muchos quisiéramos entender por qué. Pero entonces no sería Sergio… ‘Sólo’ sería una versión mejorada del mejor Tiger Woods.

Y no, aunque pueda parecer lo contrario, no es tan sencillo ganar un torneo de este calado en tu propio campo, en el que te vio crecer y desarrollarte como deportista. Sólo tres jugadores lo han conseguido en la historia del circuito europeo. Markus Brier, Graeme McDowell y el propio Sergio en 2008, aquí en Castellón. Porque resulta que, al fin y a la postre, uno se siente más presionado ante su gente, desbordado por la ansiedad y obligado por la situación a romper un campo que ya ha roto unos cientos de veces…

“Tengo la cabeza más en su sitio que hace un año y tengo más ganas de hacer las cosas bien. El año pasado probablemente no habría peleado la vuelta de ayer como lo hice después de no encontrarme bien en los nueve primeros hoyos”, explica gráficamente el castellonense.

No podemos quedarnos sólo con la parte superficial del discurso. Es evidente que el jugador español se ata demasiado a sus emociones, pero se equivoca quien piense que nos hallamos ante un díscolo caprichoso que sólo se deja llevar por el vaivén de las sensaciones. Para muestra, un botón reciente: este año ha superado situaciones muy incómodas y cargadas de presión, como lo son el tener que ganarse a machetazos una plaza en los ‘majors’ en previas de todo tipo. Y otro no tan reciente: ni siquiera el talento de Sergio García aguantaría una década en el top-ten mundial (o alrededores) asido tan solo al azar de los sentimientos.