
Uno de los últimos golpes que Sergio García pegó en competición dio la vuelta al mundo. Fue desde un árbol en Bay Hill.
Algo que espera no repetir por nada del mundo esta semana en Augusta. «Aquí me costaría un poco más subirme a un árbol», asegura entre risas.
Sergio da la importancia justa a aquel golpe. Lo deja en el terreno de la anécdota. A lo que sí da importancia esta semana es, precisamente, a estar lo más lejos posible de los árboles, o lo que es lo mismo, a pegar bien a la bola desde el tee. Esa será una de las claves.
Las molestias físicas que le obligaron a abandonar el Arnold Palmer Invitational están más que olvidadas. Igual que aquel momento de frustación o «momento flojo», como el mismo definió este martes, que le hizo asegurar el año pasado tras la tercera vuelta del Masters que no se veía con posibilidades de ganar un Grande. Ahora vemos a un Sergio relajado, tranquilo, feliz y expectante ante el primer major. La ansiedad se queda a un lado. «El principio de temporada no ha estado mal, pero eso no significa nada. Ya sabemos cómo son los grandes, son diferentes, te ponen a prueba en todos los aspectos, físico, técnico y mental», explica.
Hoy jugó nueve hoyos y descubrió un secreto escondido del campo. Aunque parezca imposible, Augusta aún puede sorprender a los jugadores. Sergio asegura que ha visto una posible posición de bandera nueva en el green del hoyo 5, y ojo, avisa: «como la pongan, a la izquierda, será realmente muy complicada».


