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También así fue por Seve

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Darren Clarke (-6) ha grabado su decimotercera muesca en el revólver. Trece victorias en el circuito europeo contemplan a este norirlandés grandullón que llevaba más de dos años y medio sin cantar victoria. En Pula sólo ganan, parece, jugadores de talla mundial…

José María Olazábal (-1 tras entregar una tarjeta de 73 golpes) no ha podido redondear la semana y homenajear a Seve con el triunfo. De todas maneras, la victoria de otro viejo rockero como Clarke también apunta al genio cántabro. Ambos, y así lo han reconocido recién acabado el torneo, son íntimos amigos y han compartido y digerido juntos las penas esta semana. "Jugar este domingo en los últimos partidos con Darren es lo mejor que nos podía pasar a los dos. Es un gran amigo y ha sido el mejor porque jugar hoy bajo par tiene mucho mérito", aseguró Olazábal.

Este quinto puesto de Chema, no obstante, sirve para confirmar que está de regreso. Aún tiene que ajustar, pulir, engrasar… Pero está de regreso.

Clarke ha sido uno de los tres jugadores que hoy han ganado la pelea a Pula. Sólo tres, y por la mínima: tres tarjetas de 69 golpes, uno abajo, de Clarke, Broadhurst y Echenique. El viento del Norte ha barrido las flores (los birdies…) del campo. Además, Darren ha sido el único que lo ha hecho de entre quienes se presumían candidatos al triunfo. La lenta pero imparable agonía de Chris Wood por los segundos nueve del recorrido mallorquín (cinco bogeys entre los hoyos 12 y 17) ha ayudado lo suyo, porque a mitad de jornada era el inglés quien controlaba la situación.

Dos remates de genio del norirlandés terminaban decantando el torneo: embocaba desde fuera de green en los hoyos 3 y 17. Primero para birdie, después para firmar un par que parecía volar y tensar algo más la cuerda. No ha dado opción. Ni siquiera un doble bogey en el hoyo 11 después de irse al agua le había hecho temblar. “He salido con la idea clara de no rendirme nunca, nunca, nunca, nunca, nunca…”, decía al acabar. Cinco veces nunca. Suficiente.

Olazábal se ha mantenido con temple en la pelea durante mucho más tiempo de lo que parece. De hecho, en  los nueve primeros hoyos se las ha arreglado para patear para birdie en cinco greenes. Hoy no entraban. Desde unos 7 metros en el hoyo 2, desde unos 5 metros en el 4, desde algo más de tres metros en el 7… No había manera. No se encontraba a gusto en los greenes con el viento azotando.

“Hoy era muy complicado patear bien con el viento. Y además lo de ayer fue extraordinario. Ya os dije que el juego no está todo lo bien que quisiera, pero he luchado hasta el final. Me voy encantado con la semana y con el quinto puesto… Pero también me voy sabiendo que hay que hacer las cosas mucho mejor”, explicaba el jugador vasco.

Chema decía adiós a la lucha por el triunfo en el hoyo 14. Allí se iba al agua con un segundo tiro traicionero. La bandera estaba muy peligrosa, asomándose al lago que protege ese green y pareció que Olazábal se la jugaba yendo a por ella…

Después, con honestidad, explicaba la realidad de la situación: “no es que me la haya jugado, es que he pegado mal el tiro que quería hacer. Quería tirar a la entrada del green y que luego la pendiente acercara algo la bola a la bandera, pero muchos hierros se me están yendo un poco a la izquierda… Y eso es lo que ha pasado, que me he ido hacia el agua, por muy poco, pero al agua”.

La jornada también nos ha dejado a Carlos del Moral (+1), decimosegundo y, sobre todo, a Adrián Otaegui (+2), en decimocuarta posición desde su imberbe situación de amateur. Semejante resultado, en un campo tan exigente, tirando hoy 71 golpes en una jornada de viento implacable, es una excelente noticia para el golf español.

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