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¿Tan importante es llegar al Número 1?

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Luke Donald conquistó el Número 1 del mundo a finales del pasado mes de mayo, tras su victoria en Wentworth. Quién hubiera apostado en aquel momento que iba a terminar el año ahí (ya nadie puede desbancarlo, tampoco McIlroy esta semana aquí, en Dubai) y que lideraría la lista de ganancias en Estados Unidos y Europa? No, no era una apuesta sencilla…

Así que es un Número 1 con todas las de la ley. Atornillado al trono. Aferrado al cetro. Para colmo, y para aquellos que conjugan, ordenan y significan cifras, para los amantes de la cábala, resulta que el segundo hijo del jugador, una preciosa niña, nacía el 11-11-11. Otros seis ‘unos’ para Luke, éstos consecutivos.

¿Podía encontrar la vida algún modo de estropear semejante escenario profesional y personal? Por supuesto que podía. Casi siempre encuentra el modo de ponerte la zancadilla…

En el caso de Donald la desgracia se materializaba en la muerte de su padre, apenas cuatro días antes del nacimiento de su hija.  Una muerte repentina, no esperada. “Fue muy duro, muy duro”, explicaba hoy el jugador, aquí en Dubai. “Ocurrió pocos días antes del nacimiento de mi segunda hija. Todo aquello fue un campo muy ancho de emociones, algo para lo que nunca puedes estar preparado. Fue muy, muy triste”.

Una triste y tremenda paradoja. Sentir de ese modo la Muerte y la Vida. “Creo que el nacimiento de mi hija dio un poco de luz a la situación. Fue muy dífícil, pero conseguí concentrarme en esa nueva vida, en mi familia”.

Y otra paradoja más en aquella traumática situación: se marchaba el padre de un Número 1 que disfrutaba con los logros deportivos de su hijo, por supuesto, pero que jamás  perdió el sueño por culpa de los ránkings ni las listas de ganancias. “Él nunca estuvo pendiente de mi golf. Él sólo estaba pendiente de empujarme a ser una buena persona, a ser un buen ejemplo de vida”.

De hecho, Luke reconoce que el hecho de ser Número 1 no le ocupaba ni preocupaba años atrás. Más bien lo contrario. “En el año 2006, cuando trabajaba con Jim Fanning, él me preguntaba directamente si yo quería ser Número 1. Y en ese momento, habiendo visto todo lo que Tiger arrastraba en su condición de Número 1, yo le dije que no, que realmente no quería tener encima de mí a los medios”.

Hoy no piensa igual, porque además sabe que cualquier situación es distinta cuando la comparas con Woods. “Me encuentro bien en mi posición actual, muy confortable, porque en realidad no ha cambiado mucho mi vida. Hay más cámaras, más atención, más peticiones de los medios, pero lejos del campo de golf no hay un gran cambio. Lógicamente, Tiger y yo somos muy diferentes porque su carrera es grandiosa y atrae más atención que yo, que es lo normal y correcto”.

El siguiente paso de Luke es la victoria en un ‘major’, de eso no cabe duda. “Cuando alguien dice que soy un Número 1 que no puedo ganar ‘majors’ me hago más fuerte”, asegura. Aunque el inglés tiene muy claro quién ocupará su sitio antes o después. Y no es otro que Rory McIlroy, su compañero de juego mañana en la primera jornada de la Final de Dubai. “Sólo el cielo es su límite”, asegura sonriendo y refiriéndose al joven norirlandés.

No en vano, Luke cree que posee más talento puro para el golf que el propio Tiger. Y razona su creencia: “Tiger está muy cerca de Rory y sé que su preparación mental y su ética de trabajo le hace destacar por encima de todos los demás, pero si hablamos de talento, yo creo que Rory tiene más talento”.

Después de escuchar a Donald durante un largo rato y de intuir cómo y de qué modo acepta el éxito y el fracaso, cómo se nueve por el campo y por la vida, no es difícil llegar a la conclusión de que Donald Senior, su padre, hizo un buen trabajo en aquello que más le importaba… Luke es un sólido Número 1, pero su felicidad, parece, no depende de ello.