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TIGER LEVITA

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Tiger, al amanecer, practica con una legión de seguidores/ Tengolf

Tiger no es capaz todavía de explicar a qué tanto por ciento de su capacidad se encuentra…

Pero hay una cuestión sobre la que no duda un instante: "estoy listo para ganar. Es el objetivo aquí". Y no hay más que hablar. Lo dijo minutos después de finalizar su ronda de 18 hoyos de prácticas. A las siete de la mañana, con los primeros rayos de sol, ya estaba recorriendo el hoyo 1 en compañía de Mike Weir.

¿Qué imagen física tienen ustedes de Woods a través de la televisión, incluso de las fotografías? Cada vez que disfrutamos del privilegio de verle a unos metros, en vivo y en directo, sin que medien cámaras, volvemos a sorprendernos. Usted debe creernos: Tiger Woods no es un 'empetao' de gimnasio. Es pura fibra. Gira en torno a un cinturita fina y engrasada, Por supuesto que está fuerte… Pero es esbelto y, pese a su altura, transmite una sensación física de cierta levedad.

Junto a él, y aunque acabe de amanecer, una legión de unos doscientos aficionados. Después se irán añadiendo más y más… Pero Woods no firma autógrafos ni se hace fotos durante la vuelta de prácticas. En todas y cada una de las transiciones entre hoyo y hoyo hay algún valiente que le llama, blandiendo una gorra, un poster, un folleto del torneo, una camiseta… Tiger ni siquiera tiene que decir "no". Sencillamente levita y pasa a tu lado. Nadie insiste, no hay histerias. Ocurre como cuando uno va al zoo y se pone a hacer el idiota delante de los leones… O de los tigres. El felino ni te mira.

En fin, hay que entender bien lo que tiene que soportar este hombre… Pararse a echar una sola firmita sería la ruina.

Sólo concede una sonrisa a sus admiradores (con Weir es otra cosa: hablan continuamente y, si hace falta, se parten de risa) en el tee del hoyo 7, cuando un grandullón con bigote estilo Zapata le grita en castellano: "el Tigre, el Tigre, vamos Tigre". La sonrisa se tuerce cuando pega un drive horroroso. Pero espantoso.

Hoy no nos ha impactado su juego, la verdad, alternando grandes golpes con otros no tan buenos. Pero Woods no es un jugador de sensaciones. O mejor dicho, su juego sólo se mueve en torno a una sensación: hay que ganar como sea, jugando mejor o peor.

Sorprende lo rápido que va por el campo. La vuelta no llega a las tres horas y cincuenta minutos, y eso que en todos los greenes, como es norma, se patea desde varias posiciones. Y se ensayan en algunos distintas sacadas de bunker o aprochitos desde el rough.

Por cierto, eso sí, un aviso para navegantes: con el putter se le ve mucho más cómodo que en Arizona…