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Tiger y la lata de espinacas

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Tiger Woods no encuentra una explicación muy clara a lo que ha sucedido hoy durante la última vuelta en Abu Dhabi. Estaba descolocado. Sintió que algo se perdió por el camino prácticamente desde el inicio de la vuelta…

“Tenía una oportunidad de ganar el torneo y no lo hice. No puedo estar contento. Realmente, no sé que ocurrió, pero perdí el toque durante la vuelta”, explica. La clave estuvo en el control de la distancia. Tiger pegó a la bola más fuerte que nunca. Como si fuera Popeye y se hubiera comido una lata de espinacas. Woods no daba crédito. “Le he pegado a la bola muy bien durante tres días, pero hoy algunos de mis golpes han ido más lejos de lo que yo pensaba. He pegado un par de maderas 3 que han hecho más de 320 yardas (290 metros) y también un par de hierros 8 que han hecho 180 yardas (más de 160 metros). Esos son números que yo normalmente no pego. Ahora tengo que mirar, analizar y solucionarlo. Creo que hoy patee bien, pero realmente no me he dejado muchas oportunidades”, explicó.

Ya ven, hasta un tipo como Tiger Woods puede sentir cosas en el campo que no puede explicar. Es, sin duda, un soplo de aire fresco para cualquier amateur que se devana los sesos después de una vuelta con sus amigos.

Sea como fuere, Tiger no dejó pasar la oportunidad para felicitar al campeón y reconocer lo bien que lo hizo. “Robert ha jugado de forma excelente. Fue sólido y consistente y no cometió ningún error. Hizo un par de recuperaciones clave y pegó algunos hierros soberbios”, señaló.

Mientras Tiger asegura que aún le queda trabajo por hacer en los talleres, Rock estaba en una nube. Hace apenas unos años trabajaba como profesor en un club del norte de Inglaterra, Tamworth. Hoy está entre los sesenta mejores del mundo, ha ganado a Tiger y McIlroy en un mano a mano y está cerca de jugar el Masters de Augusta. “Ha sido un trabajo muy duro y progresivo durante mi carrera. De todos modos, nunca pensé que podría llegar aquí”, explicó humildemente.

Rock estaba encantado. “Sólo el hecho de jugar la última ronda junto a Tiger ya era un motivo para estar feliz, un honor. Después, el hecho de ganar es algo que no me puedo creer”, apunta. El jugador inglés reconocía pasadas las horas que “estuve bastante nervioso al principio. Sin embargo, pegué algunos golpes buenos y me dije por qué no, hazlo y gana el torneo”.

Hoy en Tamworth no se duerme.