
Tyrrell Hatton (-15) ha embocado un putt de dos metros en el hoyo 18 para conquistar la victoria en el Hero Dubai Desert Classic. Acto seguido ha soltado el puño al aire, ha rugido y ha sacado toda la rabia contenida. Liberación.
No es que Hatton gane poco, pero sabe la importancia que tiene este triunfo. Se coloca líder en la Race To Dubai, aunque sea de una manera anecdótica porque no es su circuito principal, da un salto de gigante en su complicado objetivo de clasificarse por puntos para la Ryder Cup y, sobre todo, separa el polvo de la paja. Demuestra que uno se puede ir a LIV Golf y no echarse a dormir. No es el único, ni mucho menos, pero no hay tantos. Cada ejemplo debe celebrarse. Nadie está haciendo un mejor marketing de la liga saudí en los últimos meses que el temperamental golfista inglés.
Y es que Hatton no se ha paseado precisamente por el Emirates, ni siquiera ha conseguido levitar en ningún momento. No ha sido un triunfo fácil, ni mucho menos. Al contrario, ha picado piedra para salir campeón. Sin ser un desastre, ni mucho menos, no ha sacado su mejor golf este domingo, pero sí ha hecho alarde de la raza de campeón que lo acompaña. Es un competidor como la copa de un pino. Lo mismo para ganar a los dardos en el vestuario de la Team Cup que para meter su cabeza por el asa de la tetera de Dubai. Ha pegado los tiros que tenía que pegar cuando tocaban.
Hatton ha sabido aprovechar al máximo sus calles cogidas. Ha cazado siete y en cinco de ellas ha hecho birdie. Sus cinco birdies del día. El artista de la hierba segada al ras. Las dos únicas calles que ha dejado con vida son las del 8 y el 14 (no hizo birdie). En el primer caso, con la cornada que le dio ayer, se limitó a ponerla en green. En el segundo, fue simplemente su peor tiro del día.
El campeón le dio la vuelta al torneo con dos birdies en los hoyos 5 y 6, dos avenidas estrechas y retorcidas de ida y vuelta del Majlis course que no son precisamente unas bicocas. Allí tomó el liderato aprovechando los tropiezos de Daniel Hillier (-14) y ya no lo soltó (bogeys 1 y 5). El neozelandés empezó peor de lo que acabó. Fue un más que digno oponente, pero le faltó el colmillo que le sobra a Hatton. Nunca soltó la rueda del inglés y le consiguió apretar muchísimo en el 18, pero no fue suficiente. Le faltó el punto de los grandes campeones.
El golpe de gracia llegó en el hoyo 16. Hatton soltó un zarpazo extraordinario con un golpe de ventaja. Salida descomunal y wedge a un metro de la bandera. Soy Tyrrell y he venido a ganar este torneo, debería rezar, si existiera, la placa de ese golpe. Ahí cazó dos golpes de ventaja y lo solventó con dos pares, sufriendo eso sí en el 18 para cerrar la victoria con par. Demasiado conservador en ese hoyo final, quizá, tirando con madera 3 desde el tee, mal tiro, y jugando demasiado corto de dos. Simplemente se limitó a pensar: si me quiere ganar o empatar que haga el eagle, algo que no es ni mucho menos sencillo.
No fue un mano a mano entre Hatton y Hillier, pero casi. El resto de los candidatos realmente nunca se llegó a meter de verdad en la pelea de verdad. Laurie Canter (-13) se acercó con un gran arreón final, dos birdies en los hoyos 17 y 18, pero se le escaparon sus posibilidades de triunfo con dos putts metibles y fallados en el 15, para par, y en el 16, para birdie. Rory McIlroy (-12) no anduvo tan lejos, pero en realidad le faltaron muchos golpes de los tres primeros días para plantar cara a Hatton. Hubiera estado precioso un domingo más igualado entre ellos. Del mismo modo. Niklas Norgaard (-12) se metió cuarto viniendo desde atrás. Otro aviso del danés tras una más que decente Team Cup.
Es el octavo triunfo de Hatton en el DP World Tour y el quinto Rolex Series de su carrera. Empata con Jon Rahm como los jugadores que más veces han ganado esta serie de extraordinarios torneos. Además, regresa al top 10 mundial, aunque también sea algo anecdótico debido a la fractura que lamentablemente sigue existiendo en el gofl mundial


