
Miguel Vidaor, director del torneo en Agadir, no salía de su asombro. ¿Cómo han podido hacerse estos tarjetones por la tarde, con lo que estaba soplando el viento en el Golf du Palais Royal?
Soplaba, soplaba, vaya si soplaba. Algunas rachas llegaban a 35 kilómetros por hora. Entonces, ¿cómo es que el líder, Cañizares, y el segundo, Benson, jugaron en el turno vespertino y entregaron tarjetas de 62 y 63 golpes?
Veamos, de los cincuenta jugadores que terminaron bajo par en la primera jornada, 21 habían salido en el turno de tarde. Por ahí se rompe ligeramente el equilibrio y se demuestra que el campo estaba entonces más complicado. Pero hay que tener en cuenta además, otros dos factores. Por un lado, ni el golf ni el viento saben nada de matemáticas, o lo que es lo mismo: no por jugar sin que se mueva una hoja vas a asegurarte un mejor resultado.
Por otro lado, casi más importante y revelador, hay que pensar que el viento se levantó en torno a la doce del mediodía, es decir, cuando la mayoría de los partidos de la mañana estaban en el campo y a algunos les quedaba seguro más de un tercio de la vuelta.
– Y un último apunte al respecto, tumbativo. De las 17 tarjetas de 77 o más golpes que se entregaron el jueves (los estropicios), resulta que 14 correspondían a jugadores del turno de tarde. Un derrape con viento hace más daño…
– Rafael Cabrera Bello ha vuelto a poner de manifiesto que la velocidad crucero de su juego es alta y estable. En Puerto Rico falló el domingo, es cierto, pero en Agadir ha vuelto a sacar notable a las primeras de cambio, con una vuelta de 68 golpes que por momentos apuntaba aún mejor. Al finalizar, tarde, el canario no se perdonó su rutina. Un poco de juego corto y unas bolitas. No quedaba nadie por allí (VER FOTO), Pero así, con rutinas serias y disciplinadas, se hace camino.

– Connor Arendell, el norteamericano que entregaba por la mañana un 65, también está convencido de las bondades del circuito europeo. Asegura que está encantado con forjar su juego en campos tan distintos, greenes tan distintos y condiciones tan diversas semana a semana.
– Hay que valorar el 70 de Adrián Otaegui en el turno de tarde, respondiendo además a cada tropiezo en la vuelta con tirazos y birdies. El joven jugador vasco sigue sin hacer demasiado ruido, pero cada vez se le ve más preparado para dar la campanada…
– Seve Benson aseguraba sentirse muy orgulloso de haber entregado ese 63 jugando con viento y reconocía que la clave había estado en su juego alrededor de green. No es extraño: sacó adelante las cinco recuperaciones que afrontó. Y dejaba una reflexión interesante: «la clave hoy de mi juego no ha sido tanto cómo eran de buenos mis buenos golpes, sino más bien cómo eran de buenos mis malos golpes… Y luego he sabido rentabilizar todas las oportunidades».
– ¿Se va a rendir Larrazábal después de ver su gozo (el del Masters) en un pozo? Ni en broma. El barcelonés va a salir el viernes por la mañana a morir, sin dar por perdido el corte. Eso sí, para estar el fin de semana quizá necesitaría algo así como un 66… Hoy se han visto un puñado de tarjetas mejores. ¿Por qué no? Aunque las sensaciones que se ha llevado no han podido ser peores: sólo ha cogido cuatro calles y la mitad de los greenes, y su juego corto, que suele estar al quite, tampoco le ha ayudado… En su capacidad de hacer borrón y cuenta nueva estará la clave.


