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Una sanción de dos golpes frena el ímpetu de McIlroy

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Rory, penalizado antes de firmar la tarjeta por un alivio mal realizado en el hoyo 2

– Craig Lee (-12) ha aguantado el tirón y mañana sale de líder en Abu Dhabi. Rory McIlroy (-9) venía pisándole los talones, pues su tarjeta marcaba aparentemente un resultado de 68 golpes en el día (-11 acumulado), pero una penalidad de dos golpes en el hoyo 2, anotada y contrastada una vez finalizada su vuelta dan más aire al escocés y a todo el mundo.

– ¿Qué le ha ocurrido al norirlandés? Así es la historia: en el hoyo 2 la bola de McIlroy reposaba dentro de un ‘cross walk’, esto es, esas sendas que se delimitan con rayas blancas para que los aficionados puedan cruzar las calles, zonas en las que se permite el alivio al jugador como si se tratase de un terreno en reparación. Lo que ocurre es que Rory no ha realizado bien el alivio, puesto que éste debe ser total y él estaba pisando con su pie izquierdo una de las líneas blancas que delimitan la citada zona de cruce. La regla puntualiza que el alivio debe ser total, esto es, tanto el ‘stance’ del jugador, como la bola y el área de swing deben estar fuera de la zona marcada. Si no es así, se incurre en una penalidad de dos golpes.

Dave Renwick, el caddie de Ricardo González, fue quien se dio cuenta del error de McIlroy, pero no le dio tiempo a avisarle, según parece… Renwick se lo comentó a González y ambos acordaron decírselo a McIlroy al final de la vuelta, antes de firmar la tarjeta, pensando que hacerlo en ese momento sólo podría alterarle y perjudicarle. Y así lo hizo Fenwick. Se lo dijo al norirlandés en el green del 18: “mira, creo que debes consultar con los árbitros”. Y así lo hizo antes de firmar. Rory, de hecho, acudió al lugar exacto del golpe junto a John Paramor, en busca de la chuleta, ya que las imágenes de televisión no aclaraban nada. Y una vez encontrada y simulado el stance se dieron pronto cuenta de que, en efecto, su pie izquierdo tenía que estar pisando la línea. Rory admitió que no conocía esta regla tratándose de un ‘cross walk’, y también ha asegurado que no tiene nada en contra de Renwick, dando por hecho que actuó de buena fe.

– Craig Lee, que sigue jugando muy suelto, mantiene un colchón de seguridad con el rendimiento de su putter. Seguramente, algunas recuperaciones prodigiosas con putts de media y larga distancia embocados para par en los primeros nueve tienen buena culpa de su liderato. Eso, y también que Rafael Cabrera Bello (-8) ha sumado 34 golpes en los greenes. Demasiados.

El canario ha jugado de tee a green de manera muy similar a las dos jornadas anteriores, muy fiable, pero el putt se ha ido por los cerros de Úbeda. No obstante, un final con dos birdies aún lo mantiene en la pelea por la victoria. “Si pateo como el jueves y el viernes tendré opciones”, señalaba.

– El escocés, aparente invitado de piedra, se apunta a la fiesta hasta el final. Pero por detrás los ojos se nos van a todos hacia Rory McIlroy, que está jugando muy sólido, a pesar de todos los pesares. Hacia el norirlandés y hacia Phil Mickelson (-10) que entregaba bien prontito un 63 de cine. El norteamericano ha pateado como en sus mejores momentos. Y ha aprochado de dulce cuando más falta le ha hecho. Y ha pegado unos hierros mayúsculos.

Él sí produjo la vuelta que trataba de sacar adelante Sergio García. Pero el español nunca terminó de lanzarse a tumba abierta por la ladera de los birdies. Todo lo que le entraba a Phil, a Sergio se lo negaban los bordes de los hoyos. La presencia del ganador del último British en el partido estelar es todo un lujo, aunque se haya confirmado a través de un par de carambolas: por un lado, porque mañana domingo los jugadores saldrán al campo de tres en tres y por ambos tees, por culpa de una previsión de tormenta. Sí, una tormenta en Abu Dhabi. Se ve que también las hay. Y por otro lado, por la citada sanción de McIlroy, que de este modo tendrá que ir empujando en el penúltimo partido junto a dos españoles, Jiménez y Larrazábal. Este es otro lujo…

– Álvaro Quirós (-5) se ha quedado con las ganas de meter la directa. Está demasiado lejos, o eso parece. Pero ha vuelto a jugar bajo par y, sobre todo, se ha mostrado mucho más fiable desde el tee. Anda rondando una de esas vueltas rompedoras que le quite definitivamente ese mal regusto amargo acumulado en los dos últimos años.