
Igual es sólo una sensación nuestra sin más, puro desvarío provocado por tantas horas expuestas al sol, pero sinceramente creemos que no. Se ve en la cara de Justin Rose, de Olazábal, de Schwartzel, un comentario de McIlroy, un guiño de Larrazábal…
Semana dura, difícil. Y la Armada no invita al optimismo, para que nos vamos a engañar. Después, que se ponga a correr y a volar la bola y dicte sentencia.
Wentworth es un pequeño monstruíto que pone un broche de espinas a un mes de mayo muy exigente en cuanto a campos se refiere. Todo empezó en El Prat, un test muy severo que fulminó la paciencia de más de uno. Siguió en Pula, donde el viento y las trazas de Olazábal (su diseñador) causaron estragos. La semana pasada en Finca Cortesín tampoco fue coser y cantar. Estaban los mejores del mundo y se vieron más de una vuelta y más de dos sobre par. Mayo es el mes de las flores, pero en el Circuito Europeo han brotado cuajadas de espinas. Este recorrido Oeste de Wentworth se lleva la palma.
Todos los comentarios de los jugadores se refieren a la dureza del recorrido, en ocasiones hasta esbozando una sonrisa de resignación. El año pasado, edición en la que entraron en juego los nuevos cambios diseñados por Ernie Els, sólo 12 golfistas consiguieron acabar bajo par. Y eso que fue una semana perfecta en lo meteorológico. Este jueves, sin embargo, arranca con una previsión de viento de unos 40 kilómetros por hora y lluvia. A más uno se le muda en gesto cuando mira el parte. Pablo Larrazábal lo tiene claro: “el campo está muy difícil. La victoria final estará alrededor del par”.
La Armada no transmite buenas sensaciones y nos empuja a verlo negro. Álvaro Quirós asegura que Wentworth no le entra por los ojos. Tantos tiros dibujados al draw no le convencen. Olazábal ha ido sufriendo durante el Pro-Am, con la intensa lucha que mantiene desde hace tiempo con el juego largo. A Pablo Martín se le hace cuesta arriba desde el tee del 1 y hasta el 18. Se pone a enumerar hoyos espinosos y no para… “El 1, el 3, el 9, el 12, pufff el 12, el 15… y el resto tampoco son una perita en dulce”, afirma.
Es un campo largo. Y aún se hace más largo con esos greenes con forma de flan que hay que asaltar en paracaídas. Continuamente están los profesionales tirando hierros medios-largos de segundo disparo. Las trampas de arena, muy profundas en su mayoría tras la remodelación, tampoco ayudan. Todo apunta a una semana de approach y putt. Los greenes, de por sí, están difíciles de coger y con el viento de mañana parece una misión casi imposible.
McDowell explicaba la receta-milagro: “Hay campos extremadamente difíciles en el mundo con viento. Uno de los que me viene a la cabeza es Valderrama. Otro es, sin duda, éste. La clave será no dudar en la elección del palo, controlar el vuelo de la bola y clavar de dónde viene el viento y la intensidad”. Casi nada. Apunten su nombre. G-Mac ganó en Valderrama y en Pebble Beach.
Si finalmente llueve el jueves el campo se pondrá aún más largo. “Creo que es el campo más largo que he jugado en mi vida”, asegura Carlos del Moral, que se enfrenta por primera vez en su vida a Wentworth.
Los gestos después de estas primeras rondas de entrenamiento lo dicen todo. Los jugadores acaban exhaustos, reventados con tanta tensión, tanta elección y tanta recuperación. Los fisios tienen trabajo extra esta semana.
Wentworth es uno de los cocos del año y lo vemos negro para los intereses de la Armada. José María Olazábal asegura también, por ejemplo, que tiene, tras la remodelación reallizada por Els, hechuras de campo de 'major', por su dificultad. Llega a llamarlo literalmente "pequeño monstruo". Y avisa: "ya visteis como acabó la cosa el año pasado con buen tiempo, y este año anuncian lluvia".
Alejandro Cañizares, de alguna manera, arroja un punto de luz. Aún reconociendo la dificultad, al menos apunta que "es divertido, me gusta". Va en la línea de Luke Donald, que ve en Wentworth una bonita posiblidad de darse de nuevo una opción de victoria el domingo. Aunque en el estado de gracia que anda, cualquier campo le parece bueno al inglés…


