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Vientos de España

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Es raro el día ventoso de golf en el que uno o varios jugadores españoles no aparecen en lo alto de la clasificación de un torneo de élite…

La primera jornada del Commercialbank Qatar Masters es un buen ejemplo. El líder es Gonzalo Fernández Castaño, que además ha jugado en el turno vespertino, el de peores condiciones.

Examinemos algunos procentajes y registros precisamente del turno de tarde, en el que teníamos a ocho españoles. Tan sólo 18 jugadores de los 66 que componían el cuadro vespertino han entregado tarjetas de PAR o bajo par. Esto es, algo más del veinticinco por ciento. Si nos fijamos en la Armada, sin embargo, el porcentaje aumenta una barbaridad, pues cuatro de los ocho en liza han empatado o ganado al campo. Un cincuenta por ciento. Gonzalo Fernández Castaño (-6), Pablo Larrazábal (-1), Carlos del Moral (-1) y Rafa Cabrera Bello (PAR).

Además, hay que anotar ese +1 de Jorge Campillo, resultado consistente y de valor, que supera a la mayoría de los cosechados por la tarde.

Si ampliamos la mirada al total de la jornada, encontramos a ocho de los trece españoles en liza con resultados de PAR o por debajo. Más de un sesenta por ciento. Curioso.

¿A qué se debe semejante capacidad? Porque el perfil de jugador español no es solo uno y en Qatar, sin ir más lejos, tenemos a andaluces, madrileños, valencianos, un vasco, un extremeño, un canario, un catalán…

Si se rebusca en la historia de cada cual, se encuentran algunas explicaciones cristalinas. Por ejemplo, en el caso de Pablo Larrazábal, que aprendió a jugar en el antiguo Prat, recorrido amarillo para más señas, muy expuesto al viento. El barcelonés reconoce que ya de niño se las ingeniaba para sacar esos tiros tendidos tan efectivos en días revueltos. Álvaro Quirós también se ha criado en zona ventosa. La Cañada es una escuela para este tipo de juego. Toda la costa de Andalucía occidental lo es, en realidad.

Pero Gonzalo Fernández Castaño, por ejemplo, no termina de entender por qué se le da bien jugar la bola baja. “Madrid no es un lugar especialmente ventoso… No sé, pero el caso es que de toda la vida se me ha dado bien pegar la bola baja”. Carlos del Moral tampoco da con la clave del asunto: “no me preguntes por qué, pero ya de amateur conseguí mis mejores victorias siempre con vendavales”.

Por no hablar de José María Olazábal o Sergio García, que suelen sonreír cuando se trata de afrontar jornadas de copas revueltas y banderas flameantes.

Quizá la razón haya que buscarla más allá. El jugador español, por lo general, sí suele destacar por su habilidad. No es nada nuevo. Ocurre en multitud de disciplinas deportivas. Una habilidad en la que puede anclarse de un modo más fiable la capacidad de adaptación e improvisación, vitales en días ventosos.

Lo que se espera mañana viernes, en todo caso y de confirmarse (rachas de hasta 50 kilómetros por hora durante todo el día), más que una jornada ventosa entra en el capítulo de la supervivencia.