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Wentworth recupera aquellos finales de infarto

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Es imposible no sentirse un poco intimidado cuando uno se encuentra de nuevo con Wentworth…

Es una especie de sabio antiguo que transmite grandeza, poderío. Parece que de sus árboles centenarios van a comenzar a brotar cuentos de golf, golpes imposibles que han quedado grabados a fuego en sus calles. El club se fundó en 1926, aunque la casa club ya estaba en pie en el siglo XIX.

Se llega a Wentworth por una carretera estrecha escoltada por una frondosa vegetación. No ves el campo hasta que te lo encuentras de bruces. Hay un semáforo en mitad de la vía colocado sólo para el acceso al club. Tiene una entrada señorial, pero discreta, como si no quisiera restar protagonismo a lo que espera dentro.

Severiano Ballesteros lo inunda todo. Una imagen gigantesca de Seve, sí, su imagen, la del puño derecho en alto, preside la grada del hoyo 18. Impresiona.

Wentworth es historia, pero lo que más nos interesa ahora es el presente. ¿Cómo está el campo? ¿Qué se van a encontrar los profesionales? Pues para empezar una sorpresa muy agradable. Las profundas críticas que recibió el año pasado alguna de las remodelaciones llevadas a cabo por Ernie Els no cayeron en saco roto. “El campo está mejor que el año pasado, sobre todo los greenes. Están más asentados y la bola rueda mucho mejor. Además, se han hecho algunos cambios en un par de ellos que eran demasiado exigentes rayando lo injusto”, explica Nacho Garrido. El madrileño siempre siente un cosquilleo especial cuando entra en Wentworth. Es imposible olvidar su fantástica victoria aquí en 2003.

El cambio más ostensible del campo respecto al año pasado se ha producido en el hoyo 18, y más concretamente en su green. Se ha bajado respecto a la calle, de manera que permite asumir algún riesgo más y tirar de dos en este par 5.

Se lo explicamos. El año pasado se añadió un pequeño arroyo que discurre por el frente y la parte izquierda del green. Al estar éste tan elevado, la recuperación desde la parte derecha, la zona natural para protegerse en un tiro largo, era realmente infernal. Había muy poco espacio para frenar la bola y recibía un green completamente cuesta abajo en dirección al agua. Es decir, si no pegabas el tiro perfecto, había muchas opciones de irte de tres al agua. O lo que es lo mismo, de buscar al eagle pasabas a estar condenado al bogey.

Este año el green está considerablemente más bajo y la recuperación desde la derecha es más asequible. Por ejemplo, los búnkers ya no tienen un talud de casi un metro y el rough recoge hacia el green en lugar de alejarte. “Ha pasado de ser un hoyo injusto a ser un hoyo exigente”, sentencia Garrido.

De este modo, Wentworth recupera aquellos finales de infarto. El hoyo 18 volverá a dar mucho juego. Los profesionales se atreverán a tirar de dos a a green y los resultados podrán oscilar entre el eagle y el bogey o doble bogey. El espectáculo está garantizado