Si el Portugal Masters hubiera de darse por finalizado a 54 hoyos, Eduardo de la Riva (-13) conquistaría una valiosa segunda plaza, su segunda ‘plata’ en poco más de un mes. Dicho logro aseguraría la presencia del barcelonés en las Series finales del circuito europeo y prácticamente también en la Final de Dubai. Además se situaría a poco más de veinte mil euros de su mejor temporada como profesional, por lo que casi habría que darlo por hecho, toda vez que en Dubai no hay corte e incluso el último clasificado se embolsa un jugoso cheque.
No se queda aquí la descripción de su gran momento. Eduardo, de finalizar ya el torneo, empujaría de lo lindo otra vez en la clasificación de la Ryder. Es más, por la lista europea se quedaría a las puertas, a poco más de quinientos euros de la cuarta plaza (la última que califica), que ocuparía Thomas Pieters. Es sólo una fotografía de la situación, no el intento de vender ninguna moto ni de ponerse a soñar despierto.
Entre unas cosas y otras no es ninguna osadía concluir que De la Riva se encuentra en su mejor momento, o si ustedes prefieren, a las puertas de una madurez como jugador y profesional que sólo augura buenas cosas, sobre todo si tenemos en cuenta su gran calidad en el golpeo de la bola.
Y es precisamente en una encrucijada como esta, tan interesante, cuando merece la pena recordar una de las virtudes que tiene este jugador, quizá pensando que lo que está por llegar a sus 33 años: un notable control de la situación y de las emociones cuando la presión aprieta. No es que no la sienta, porque todos la sufren, incluida la mejor versión de Tiger Woods, pero el catalán está por encima de la media cuando se trata de nadar en esas aguas procelosas. Hay ya en su trayectoria unos cuantos hechos que lo prueban.
No habría que irse muy lejos, porque su actuación de hoy en el Oceanico Victoria (final de ronda con tres birdies consecutivos) avala ya esta teoría, pero lo haremos. Por ejemplo, se puede apuntar que Eduardo sólo ha jugado un Grande (British Open 2013 en Muirfield) y en ese debut firmó un sobresaliente 15º puesto. Aunque quizá nos gusta más esta otra historia: en octubre de 2012 tenía que terminar arriba en la Final del Challenge para ganarse los derechos de juego del circuito europeo. Y lo hizo, vaya si lo hizo (hizo un gran cuarto puesto), pero en el baile final de números se quedó a ochocientos euros del objetivo. Regresó muy tocado de aquello, pero enseguida se rehizo y un mes después, en la Final de la Escuela, consiguió la tarjeta muy sobrado. En otra situación límite, tras perder la tarjeta del circuito en 2014, volvió a templar los nervios en la Final de la Escuela para recuperarla inmediatamente.



