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¿Y si nos quedamos a vivir en el hoyo 2?

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La entrada al green del hoyo 1 (par 5) es una espectacular vaguada cuajada de búnkers presidida por un imponente green en alto. La diferencia es de unos veinte metros. La primera, en la frente. Precioso. Espectacular. El hoyo 2 es un par 3 en alto con vistas al mar y un green a 200 metros que se ve minúsculo. Álvaro Velasco ya no puede más. “Me puedo quedar aquí todo el día o mejor aún, me puedo quedar a vivir. ¡Vaya hoyo!”, comenta entre risas con sus compañeros de vuelta de prácticas, Carlos del Moral y Alejandro Cañizares…

Y es que este Golf du Palais Royal provoca la unanimidad entre todos los jugadores. Alucinan con el recorrido. “¿Quién ha diseñado esto?”, preguntaba con admiración Pablo Martín en la calle del hoyo 17. “Ah, ahora lo entiendo”, afirma después de escuchar el nombre de Robert Trent Jones.

Los españoles se lo están pasando en grande en la vuelta de prácticas. Es un campo divertido, que obliga a jugar casi todos los palos y estratégicamente es un desafío. Pensar, pensar. Es el día de la libreta y el lápiz. Esto ocurre en todas las vueltas de prácticas, pero en este recorrido multiplicado por diez. Primero porque nunca han jugado aquí y segundo porque obliga a tomar muchas decisiones. En un mismo hoyo, vemos tres palos distintos desde el tee. Es el 3. Velasco pega un híbrido, Del Moral, una madera 3 y Cañizares, el driver. Así es este campo. Hay muchas maneras de jugarlo. Eso sí, los tres coinciden después del golpe: el palo es el híbrido… Pero matiza Velasco: “si sopla el viento a favor puede entrar el driver”. Del Moral toma nota. Cañi no lo termina de ver.

En el hoyo 1, Pablo Larrazábal y Pablo Martín apuestan por el driver, mientras que Rafa Cabrera Bello utiliza la madera 3. Otra diferencia. Y no es sólo un asunto de distancia, es pura estrategia.

Hoy los jugadores y los caddies se están ganando el sueldo sobradamente. Toman muchas notas. Comentan cada golpe. Valoran otras opciones. “Como solpe el viento se va a poner tremendo”, señala Velasco.

Los greenes son pequeños y hay que ser precisos desde la calle. Tienen muchas zonas de escape y los búnkers nada tienen que envidiar a los que vemos en los links escoceses. Son verdaderas trampas de arenas. Penalizan de lo lindo. Algunos son minúsculos y profundos. Otros son auténticos bocados a la tierra.

No es un campo sencillo, pero Larrazábal y Rafa Cabrera coinciden en que se le puede hacer un buen resultado. “Sí porque tiene cinco pares 5 y si los aprovechas puedes hacer muchos birdies, pero también hay que estar preparados para que pueda caer algún doble bogey”, asegura Cabrera.

Por si había alguna duda, Pablo Larrazábal afirma que "es uno de los pocos torneos que no va a ser putting green. Es el mejor campo que jugamos en todo el año junto con el Prat". A lo que añade Martín: "yo pienso darle las gracias al Tour por traernos aquí".

El campo de L’Ocean, el otro donde se juega este Trofeo Hassan II, es otra historia. ¿La noche y el día? Pues casi. “Se juega con muy pocos palos. Casi todos los segundo tiros son alrededor de cien metros”, nos chiva Pablo Aparicio, caddie de Rafa Cabrera.