Ay, qué dolor: esos días en los que, nadie sabe por qué, uno sale a jugar al golf y nada sale como debiera. No hay manera de pegar dos golpes seguidos buenos, ni siquiera decentes, cada cual según sus habilidades y expectativas. El profesional de élite, por ejemplo, en ese tipo de jornadas ásperas va sufriendo para coger calles y greenes en regulación de un modo consistente; y el aficionado de hándicap medio o alto sencillamente se ve incapaz de llevar la bola hacia adelante cubriendo una distancia digna y hartándose de pegar al suelo, entre otras lindezas. Llega entonces ese momento en el que hay que sacar de la bolsa el llamado ‘swing de emergencia’, un último clavo ardiendo al que agarrarse, una manera de aguantar el chaparrón hasta que escampe y vengan hoyos mejores. Habrá quien ni siquiera tenga ese recurso, seguramente los recién llegados al deporte de los catorce palos y otros muchos de los que andamos por ahí pegando sartenazos. Incluso, hay reputados jugadores que ponen en duda su existencia real.
Pero existir, existe. Así al menos queda claro después de consultar con buena parte de la primera línea del golf masculino de élite español. Muchos de ellos incluso coinciden en el tipo de golpe que buscan cuando el día se ha puesto gris tirando a negro en el campo de golf, aunque los recursos son variados, interesantes y hasta sorprendentes. Una bola al fade más baja con el driver, pegando normalmente con el tee más bajo, parece el recurso claramente más usado. Así lo señalan los hermanos Elvira, Manu y Nacho, y también Eugenio Chacarra, por ejemplo. Con los hierros, el punch con tres cuartos de swing también aparece como un buen recurso. Después, cada cual aporta algunos ingredientes más, particularidades con los hierros o sensaciones muy concretas que pueden ayudar cuando las cosas no van muy bien o uno se enfrenta a un golpe bajo presión, por la razón que sea. Y hasta hay quienes, entre bromas y veras, no terminan de creer mucho en el concepto del swing de emergencia (Manu Elvira) o directamente aseguran que en su caso no existe (Jorge Campillo). Hay apuntes ‘locos’, como el de Rafa Cabrera Bello, y descripción de sensaciones muy interesantes que tienen más que ver con un truco mental que con un ajuste técnico (Ángel Hidalgo). Muy curiosa es también la idea de David Puig, porque nada tiene que ver desde el tee y con los hierros en las manos. Vayamos con los testimonios:
Nacho Elvira: “No sé si tengo un swing de emergencia como tal, pero vamos, cuando intento poner la bola en calle como sea busco pegar un fade con el driver. Intento poner el tee un poco más bajo, apuntar a la izquierda y asegurarme de hacer un fade. Y con los hierros, quizá, en lugar de buscar tanto full swing, cuando no me encuentro bien intento coger un palo más largo, bajar las revoluciones y hacer tres cuartos de swing”.
Manu Elvira: “Mi swing de emergencia, más que de seguridad, podría ser buscar una bola más bajita y al fade para encontrar la calle… Pero vamos, que no siempre funciona, así que para mí es más un mito que otra cosa. Si hay días que las cosas no quieren salir, pues no van a salir de ninguna manera. Y viceversa.”
Rafa Cabrera Bello: “El swing de emergencia lo describiría como un swing que tú sabes que no es el que te gustaría hacer, tanto técnicamente como de mentalidad o actitud, porque no lo haces igual de libre o despreocupado, pero que sabes que funciona. Como curiosidad puedo añadir que yo lo tengo hasta con el putter. Sí, sí, así de colgados estamos los golfistas”.
Pablo Larrazábal: “Sí hombre, el famoso swing de seguridad que se usa cuando las cosas no están seguras del todo… En mi caso es una bola baja y normalmente muy recta que no va lejos, pero que corre como un tigre, pegando con el tee más bajo y el swing un poco recortado. Lo saco cuando no lo veo claro desde el tee de salida, aunque creo que a veces lo saco a pasear demasiado… La verdad es que es un ‘mierdazo’, pero de vez en cuando funciona. La idea es usarlo cada vez menos, pero siempre hay que tenerlo en la chistera por si acaso”.
Ángel Hidalgo: “No todos los días estás igual de cómodo y viene bien tener algo que te ayude. Más que un ajuste técnico en mi caso es mental. Yo me he criado en Guadalmina y la salida que más he pegado en mi vida es la del hoyo 1 del campo Sur, que es una salida con fuera de límites a ambos lados, así que cuando estoy en otro campo y lo necesito me coloco detrás de la bola y visualizo que estoy en ese hoyo de Guadalmina y planteo la bola que siempre pego allí, bajita al fade, y esa es mi bola de seguridad que me sirve en salidas difíciles. Es visualizar ese vuelo de la pelota del 1 del campo Sur, aunque estés en el 18 de Royal Portrush. Cuando algún amateur me pide un consejo para superar la presión o la dificultad de una salida, siempre le digo que visualice un hoyo donde históricamente le ha ido bien”.
Alfredo García Heredia: “Lo llamaría más swing de emergencia que de seguridad. Lo sacas cuando hay que encauzar de alguna manera una vuelta… En mi caso con el driver es poner el tee más bajo y pegar un poco más hacia abajo una bola más baja. Con los hierros, depende del jugador, pero existir, existe”.
Gonzalo Fernández Castaño: “Mi swing de seguridad era un punch, el famoso swing tres cuartos. Tratar de pegar una bola más baja me hacía moverme mejor. Eso con los hierros, y con el driver algo muy parecido, pegar una bola más baja. Al final, el resumen es que en esos momentos, cuanto menos vuele la bola, mejor, le das menos oportunidades de meterse en líos. También es cierto que luego muchas veces me ha ocurrido que según iban pasando los hoyos iba recuperando confianza y ya empezaba a levantar más la bola y a alargar el swing”.
Jorge Campillo: “Yo hago lo que puedo. De verdad que no tengo algo que se pueda llamar un swing de emergencia, ya me gustaría tenerlo. Lo hago como me sale”.
Eugenio Chacarra: “Yo creo que siempre hay un swing que cada uno tiene y con el que se siente la sensación de que la bola suele salir de la misma manera más veces, o un golpe que también sabes que bajo presión te va a salir. En mi caso es una bola bajita al fade”.
David Puig: “Me parece que el concepto de swing de supervivencia es bastante real. Cada uno con sus variantes. Con el driver en mi caso bajo el tee un poco y eso hace que la bola salga más baja, toque tierra antes y no coja tanto los efectos y me da esa confianza. Y con los hierros casi al contrario: cuando no me siento bien me gusta intentar acentuar los efectos. Lo explico. No es tan sencillo pegar un draw o un fade de tres o cuatro metros, sin embargo, yo sé que si planteo un fade o un draw mucho más exagerado, de más metros, me va a salir nueve de cada diez veces, así que me resulta un buen recurso cuando el día no va como tu quieres. Se trata de planear un vuelo de bola con más metros al fade o draw porque deberían de salir más golpes mejor que planeando un draw o fade de tres o cuatro metros”.
Alex del Rey: “En mi caso depende mucho del campo. Si es ancho y he fallado ya tres o cuatro calles yo sigo pegándole con todo desde el tee, no tengo problemas… En un campo estrecho sí puedo buscar la manera de tapar la bola, tener el pecho un poco más encima de la bola para que salga más penetrante, bajita y controlada”.
Luis Masaveu: “Cada jugador tiene su patrón de bola o tendencia y hay ciertos hoyos o situaciones en los que vas a intentar usarlo más, porque tienes más probabilidades de coger calle. Con el driver soy muy preciso pegando al fade, yendo recto soy menos preciso y al draw todavía menos, así que en hoyos más tensos, muy estrechos o con mucho fuera de límites, sacaré el fade siempre. Por ejemplo, yo se que pegando al fade sólo la puedo fallar a la derecha y eso simplifica más las cosas en momentos tensos”.
Iván Cantero: «Yo no tengo mucho swing de emergencia. Lo que hago cuando veo que no estoy fino, es poner el tee muy bajo e intento hacer lo mismo. Y que sea lo que tenga que ser, pero swing de emergencia, nada. Así que se podría decir que tee bajito y a funcionar».
A partir de aquí, que Dios reparta suerte. Por desgracia, hay miles de aficionados que nos ponemos a buscar la salida de emergencia durante una vuelta especialmente pestosa y no sólo no la encontramos, sino que además todavía complicamos más la situación… De todos modos, hasta los hándicaps medios y altos pueden buscar ese clavo ardiendo. Existe. Sólo se trata de encontrarlo.



