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Arnaus, la percepción del deber cumplido y una legítima insatisfacción

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Adri Arnaus. © Golffile | Fran Caffrey
Adri Arnaus. © Golffile | Fran Caffrey

Adri Arnaus (-5) ha firmado una tercera ronda de 71 golpes en el Omega Dubai Desert Classic. Saldrá a seis golpes de la cabeza en una última jornada de ‘sálvese quien pueda’ por el viento, así que es legítimo pensar que aún tenga mucho que decir. También es congruente señalar que su resultado quizá se haya quedado un poco corto en el empeño de asaltar los puestos de privilegio. La buena noticia es que el de Mollà sigue mostrándose sólido y consistente, pero ya sabemos que el éxito pleno en golf depende a veces de detallitos que no siempre están en la mano de uno.

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Varios ejemplos. Erraba en el hoyo 5 (desde unos tres metros, a lo sumo) una buena opción de un birdie que hubiera dado continuidad a su explosivo inicio de vuelta con birdies en los hoyos 2 y 3. O el segundo tiro en el 10, par 5, que picaba en lo más alto del talud del bunker frontal y que, volando tan solo dos palmos más, le hubiera procurado un putt medio-largo de eagle (salió de allí con par). Por no hablar del enorme disparo que pegaba en el 17, par 4 corto: su bola picaba en green y, tras cruzarlo a duras penas, se quedaba en una posición muy incómoda, apoyada en el primer corte, de tal modo que, de estar pateando para eagle, pasaba a tener que ejecutar un delicado ‘blade shot’ (salía de allí también con el par…)

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Tanto Adri, como su caddie, Pello Iguarán, tenían al acabar la misma percepción de su jornada laboral: se habían quedado a ‘un casi’ de haber armado un buen taco y de haberse metido hasta las cejas en la pomada del torneo. Con honestidad y sin forzar la ‘imaginación’. Se puede explicar de otra manera. Ambos, jugador y ayudante, sentían que el juego de Arnaus había dado la talla en un sábado en el que el objetivo era colocarse arriba, y sin embargo andaban dándole vueltas a esas tres o cuatro situaciones claves, seguramente conscientes también de que no todo se debe al azar. El putt, por ejemplo, no había fluido tan extraordinariamente bien como el viernes. La parte buena del asunto, hay que insistir, es que el juego y la intención siguen ahí. Arnaus sigue haciéndose, semana a semana, vuelta a vuelta, un jugador de top 50 del mundo.

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