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La convicción y los chicos de Minnesota

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Jorge Campillo, durante la entrevista con el irlandés Shane O'Donoghue. © Golffile | Phil Inglis
Jorge Campillo, durante la entrevista con el irlandés Shane O'Donoghue. © Golffile | Phil Inglis

Marchábamos como siempre a paso de cabo gastador entre el Blue Course y el Red Course del Royal Golf Dar Es Salam cuando nos cruzamos con Miguel Vidaor, director del Trofeo Hassan II. Iba a toda velocidad subido en su buggy dispuesto a apagar el último fuego.

Da lo mismo de lo que se trate, ahí está él siempre para solucionar. Es el señor Lobo de los torneos. Seguramente, vendría de dos rullings, tres tomas de tiempo, dos charlas con jugadores a los que las banderas de ese día no les convencían, dieciséis llamadas de la casa real de Marruecos y aún habría tenido tiempo de parlotear amistosamente con algún viejo conocido como si no tuviera dos millones de cosas más que hacer. Es el hombre ubicuo.

Ese instante en el que Jorge, al fin, se queda solo tras la victoria…

Vidaor nos ve en el pasillo que une los dos recorridos, justo delante de las tablas de resultados del European Tour y el Ladies European Tour. Reduce la velocidad de su buggy, nos choca la mano y nos dice mientras vuelve a acelerar, con dos dedos levantados y la cabeza girada: “Hoy hacemos doblete, ya verás…”. Es domingo y aún no es mediodía en Rabat. Jorge Campillo ni siquiera ha llegado a salir.

Jorge Campillo. © Golffile | Phil Inglis
Jorge Campillo. © Golffile | Phil Inglis

El poder de la convicción es muy importante para conseguir una victoria y algo flotaba en el ambiente el sábado y el domingo que empujaba a pensar que, esta vez sí, caía la primera de  Campillo. No obstante, más que lo que piense la gente de alrededor, aquí lo importante es lo que crea el artista. Y el domingo realizó una exhibición de convicción y determinación. Aquí van cuatro ejemplos concretos que se produjeron durante la última vuelta.

Blog de David Durán: Antes se sumarán unos cuantos Grandes que viviremos otro doblete

En el hoyo 3, al poco de empezar, se produce una situación muy delicada. Campillo pega un mal golpe desde la calle, seguramente el peor del día y acaba con un compromiso para bogey de casi cuatro metros. Lo mete, pierde terreno con Erik Van Rooyen, pero Borja Martín-Simo, su caddie, dice: “con estos putts se ganan los torneos”. La batalla acaba de empezar y no ha sido de la manera deseada, pero tanto el caddie como el jugador están seguros.

De nuevo aparecen problemas en el hoyo 7. Jorge falla la salida por la izquierda y acaba entre árboles. No tiene tiro directo a green. Pega una bola baja, muy buena, pero acaba en el rough, a un palmo del collarín, por la derecha. No son los mejores momentos del extremeño. Está a dos golpes de Van Rooyen, en una situación delicada, mientras el sudafricano tiene un claro putt de birdie.

Jorge entra en una nueva y excitante dimensión

Borja coloca la bolsa muy cerca de las cuerdas para estudiar el chip y nos ve. Estamos a dos metros. Sonríe calmado y sólo dice una cosa: “queda mucho”. Seguridad. En ese mismo hoyo, tras el chip, Campillo emboca un putt muy delicado de algo más de dos metros para par y dice: “ahí estaba el torneo”. Determinación.

Precisamente, en la larga caminata que hay entre el green del 7 y el tee del hoyo 8 (hay que pasar por detrás del green del 18, delante justo del escenario donde se realiza la ceremonia de entrega de trofeos), Shane O’Donoghue, brillante periodista irlandés que realizaba esa semana las entrevistas de campo, habla con Jorge Campillo en directo y poco antes de conectar le dice: “irish Lucky charm”. Algo así como: “soy tu amuleto de la suerte irlandés”.

Campillo supera su techo en el ranking mundial

Justo después de ese instante, Jorge pega un drive extraordinario en el hoyo 8, par 5, y antes de pegar el segundo golpe le dice a Borja: «A mí nunca me ha ganado un tío de la Universidad de Minnesota y no quiero que hoy sea la primera vez…». Van Rooyen estudió allí. En Minnesota. Campillo y Borja se ríen, es una broma para destensar, pero en el fondo refleja la seguridad del momento, la convicción y un recuerdo seguramente del subconsciente de aquel Jorge de su etapa amateur que fue Número 2 del mundo y un ídolo y referente en la historia de la Universidad de Indiana. Apenas diez minutos después hacía el primero de los cuatro birdies con los que acabaría rematando su primera victoria en el European Tour.