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Valderrama y Augusta: mitos falsos y verdaderos sobre la velocidad de los greenes

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El green del hoyo 9. © Real Club Valderrama
El green del hoyo 9. © Real Club Valderrama

Esta mañana de martes los greenes de Valderrama alcanzaban una velocidad de 12,8 en el stimpmeter. No está nada mal. En el putting green que linda con el tee del 1 la cifra incluso podía llegar a los 13 puntos de velocidad. Vertiginoso. Y eso que por la noche el jarreo de agua desde el cielo había sido algo más que curioso y, con los greenes más blandos, el corte y la acción de las máquinas no es tan fino, no puede serlo. En todo caso, no nos vayamos tan lejos ni le busquemos siete pies al gato: con o sin lluvia los greenes difícilmente habrían superado hoy esa velocidad de 12,8…

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De hecho, lo normal es que durante los cuatro días de competición tampoco se llegue a esos niveles, entre otras cosas porque si las previsiones anuncian viento el European Tour no se puede arriesgar a que la bola pueda llegar a moverse en algunos greenes, los más expuestos.

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Los greenes de Valderrama siempre son protagonistas. Por su firmeza y también por su velocidad. Hoy quizá más que nunca, pues lucen espléndidos, recién remodelados y arreglados (en esta edición del Andalucía Valderrama Masters se estrena en competición de máximo nivel el tramo del 10 al 18, tal y como ocurrió el año pasado con la primera mitad del recorrido, del 1 al 9). Pero cuando a usted le digan que estaban a una velocidad de 14 en el stimpmeter, e incluso de 13, póngalo en seria duda, o casi mejor, no se lo crea…

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Tampoco en el Augusta National se alcanza la velocidad de 14, cifra que suele manejarse con relativa facilidad al hablar de este campo y de sus greenes. Es otro mito. Lo que no significa que puntualmente, en alguna ocasión y en algún green concreto, haya podido suceder (también en Valderrama). Una cosa es la velocidad de los greenes y otra patear cuesta abajo en unos greenes muy rápidos… Hasta que no se está en Augusta es imposible hacerse una idea concreta o perfecta del movimiento infernal de sus greenes. Y esa sensación de ‘mírame y no me toques’ que desprenden los tapetes del coloso de Georgia tiene mucho que ver con lo movidos que son. Tampoco el Augusta National se esfuerza demasiado en aclarar datos y registros al respecto; nunca está de más alimentar el mito.

📷 El Real Club Valderrama, hoyo a hoyo

Otra cosa es lo que podría llegar a ser. Técnicamente, por ejemplo, Valderrama tendría la capacidad de poner los greenes incluso a una velocidad de 15 en el stimpmeter los cuatro días de competición de un torneo. La hierba, en ese caso, sufriría un estrés serio, porque el corte y el rulo irían al límite, pero realmente podría hacerse de forma puntual. Lo que ocurre es que no tiene sentido: un poco más allá de esta cifra (16 ó 17), ya casi estaríamos hablando de la ‘rigidez’ o consistencia de un tablón y no parece que pueda ni deba jugarse al golf en tales condiciones…

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A veces se habla con mucha ligereza de la velocidad de los greenes y hay que pensar que una velocidad de 10, en un campo estándar, no de competición, donde están jugando aficionados a diario, ya resulta extrema y probablemente… Inexacta. La velocidad media en los greenes de los campos del PGA Tour no pasa de 12 en el stimpmeter y en el European Tour la cifra es aún menor, claramente inferior (en torno a 10-11). Hay campos en el circuito europeo, es cierto, donde se puede llegar a 12 o incluso superar con amplitud este registro, pero son muy pocos a lo largo del año. Abu Dhabi puede ser uno de ellos. Y el Earth course del Jumeirah en la Final de Dubai seguramente también. En Valderrama también, por supuesto.