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‘Frankenwood’ y la marabunta

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Son las tres de la tarde en Augusta. El suelo vibra. Ruido, mucho ruido. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete… y así hasta 21.

No es ningún juego de cartas. Son máquinas cortacésped que vienen remontando en fila la calle del uno. Un espectáculo. Por un momento te sientes dentro de una película de ciencia ficción. Comienza la sesión de maquillaje. Ruge la marabunta. Como un restaurante cuando se convierte en bar de copas a la una de la mañana. Los jugadores desaparecen y empieza la transformación de Augusta. Cuando empiece el torneo ya no lo conocerá ni Bobby Jones. Nada que coja por sorpresa a los más avezados. Pero el espectáculo es innegable.

– Un periodista americano agarra a José María Olazábal para preguntarle por el chino Guan. Cómo no. Es de obligado cumplimiento esta semana. Chema se muestra cortés, como siempre, y le da mucha bola al joven adolescente. El plumilla tiene sus reservas ante tanto elogio y le acaba diciendo al capitán de la Ryder: «sí, eso está muy bien, pero estarás de acuerdo conmigo en que no se puede jugar Augusta haciendo 260 metros con el drive de media». Olazábal, con cara de póker, responde: «bienvenido al club». El periodista, de piedra, pide disculpas.

– Matiz importante a la anécdota. Olazábal no es tan corto como dice. El problema es que en un porcentaje más elevado del que quisiera el de Fuenterrabía pega mal al drive y hace menos distancia. Y hablando de Chema. Asegura que de salud está bien y eso ya es motivo suficiente para estar feliz, aunque no deja de sufrir con el juego. Las cosas no cuadran y no termina de dar con la tecla. No hay mejor inspiración para Olazábal que Augusta, aunque el campo se haya puesto casi imposible para su juego. Cruzamos los dedos para que encuentre algo a lo que aferrarse.

– El sol empieza a echarse sobre el Augusta National. La fiesta de los pares 3 ha terminado y todo el mundo recoge velas. Nos pasamos por el campo de prácticas. Sólo hay tres jugadores apurando las horas de entrenamiento antes de empezar la batalla. Uno es Bo Van Pelt, que acaba de terminar los pares 3 y aprovecha para soltar un poco antes de marcharse a casa. El otro es el de siempre. Quién si no. Vijay Singh. Inasequible. Y el tercero sorprende completamente. Es Tianlang Guan. Bingo. El joven chino de 14 años. Está machacando sus híbridos bajo la atenta mirada de su entrenador. Y tiene pinta de que aquello va a durar mucho… Ya de vuelta, en el putting green que hay junto a la salida del hoyo 10, sólo queda un jugador: Tom Watson. Reverencia y para la sala de prensa.

– Phil Mickelson ha ganado Augusta con dos drivers en su bolsa de palos. Este año ha dado un giro de tuerca a la historia. Nada que no pueda salir de la fantasía inagotable de ‘Lefty’. El jugador de San Diego se ha inventado un nuevo palo. Aunque realmente haya sido fabricado por su marca. Los americanos han decidido llamar al prototipo ‘Frankenwood’, ya que es mitad driver y mitad madera 3. Sí, algo parecido al mítico ligre de los circos ambulantes. Mickelson está encantado con su nuevo palo. Tiene una cabeza de 260 cc, lejos de los 460 habituales de un drive. Sin embargo, Phil asegura que hace más distancia que con el drive. El vuelo de la bola es más bajo y rueda más. «En el hoyo 10 he hecho cincuenta yardas más que nunca», explicó. Y la marca, claro, encantada. Los amateurs andan ya con las orejas tiesas. Ponga un ‘Frankenwood’ en su bolsa de palos.

– Ted Potter Jr. ha ganado el torneo de pares 3 de Augusta y de paso se lleva puesta la maldición que dice que nunca el ganador de esta previa festiva ha conseguido colocarse ese mismo año la chaqueta verde. Potter ha derrotado en el desempate a Phil Mickelson y Matt Kuchar, para tranquilidad de muchos apostantes. Watney y Els también empataron con los líderes, pero misteriorsamente desaparecieron cuando llegó el momento del playoff. Yuyu.