Jim Furyk se estrenó esta semana como analista principal de Golf Channel en el Arnold Palmer Invitational y lo hizo dejando una reflexión de mucho calado sobre el presente y el futuro del golf. Antes incluso de su debut en televisión, el campeón del U.S. Open de 2003 abrió un melón enorme: reducir el tamaño de la cabeza del driver para los profesionales. Nada menos.
La idea la expuso en el podcast Straight Facts Homie, donde reconoció de entrada que no iba a ser precisamente popular. Furyk viene a decir que el driver actual perdona demasiado, que permite pegarle “al 110 por cien” casi sin castigo y que eso ha reducido parte del mérito técnico desde el tee. Su tesis es sencilla: con cabezas más pequeñas habría menos tolerancia en los golpes descentrados, los jugadores tendrían que controlar más y los campos no necesitarían seguir alargándose eternamente.
Para explicarlo, puso un ejemplo muy gráfico con su propio material. Contó que usa un mini driver en lugar de madera 3 y que, cuando la pega bien, la diferencia respecto al driver normal es pequeña, menos de diez yardas. El problema llega cuando falla un poco el impacto: ahí sí se pierde mucha más distancia. Justo eso, según Furyk, es lo que echa de menos en el golf profesional actual: que el error penalice más.
No es exactamente lo mismo que el famoso rollback de la bola impulsado por la USGA y el R&A. Esa reforma busca limitar la distancia, pero afecta a todo el mundo, no sólo a la élite. Furyk, en cambio, plantea una vía distinta: tocar el driver sólo para los profesionales y dejar en paz al jugador amateur. Es decir, separar de una vez por todas el debate del gran público del supuesto problema que intenta resolver el golf de alta competición.
La propuesta tiene mucha miga porque no llega de un recién llegado ni de un agitador cualquiera. Furyk fue campeón de un grande, sumó 17 victorias en el PGA Tour, capitaneó a Estados Unidos en la Ryder y en la Presidents Cup y acaba de aterrizar en el equipo de Golf Channel como una de sus voces más autorizadas. Cuando alguien así suelta una idea de este calibre, conviene escucharla. Aunque sólo sea para discutirla.
La frase de Furyk toca uno de los grandes debates del golf actual. El juego ha ganado potencia, atletas y velocidad, pero también ha empujado a muchos recorridos clásicos al límite de su viabilidad competitiva. Furyk cree que el camino no pasa sólo por tocar la bola, sino por devolverle al driver una parte del riesgo que ha ido perdiendo con los años. Puede sonar impopular, pero desde luego no es descabellado. Habría que ver lo que piensan los fabricantes. Al fin y al cabo, ponen en manos de los profesionales el material que después se quiere vender en la calle.



